NEOLIBERALISMO Y EDUCACIÓN
El neo-liberalismo parece tener muy claro cuál es la raíz de los males
que aquejan a nuestro sistema educativo, y no pocos de los políticos adscritos a
esta corriente ideológica lo manifiestan, sin ningún tapujo, cuando se les pregunta
al respecto: la enseñanza pública sale muy cara, por lo que resulta preferible
(por más barato) subvencionar la enseñanza privada e ir dando facilidades a las
familias para que vayan llevando a sus hijos a los colegios así subvencionados.
Mientras, a la enseñanza pública se le van retirando cada vez más fondos hasta
dejarla morir por consumición y -cómo no- se intenta acelerar su proceso de
defunción, afirmando, por parte de la ideología neoliberal, que estamos ante una enseñanza mala y adoctrinadora y que
los responsables últimos que la han llevado al desastre somos esos malos
profesionales que la impartimos: los profesores. Así, sobre nuestro colectivo
se ha ido vertiendo una serie de calumnias que en modo alguno obedecen al
supuesto desconocimiento que tendrían los políticos de las vergonzosas
condiciones laborales en las que nos vemos obligados a realizar nuestro
trabajo, sino que obedece a un plan de descrédito, perfectamente orquestado,
contra los profesores de la pública, a sabiendas de que se está trabajando en
un terreno bien abonado. En efecto, cuando los españolítos de a pie aún nos
comíamos los piojos (hace cuatro días, como quien dice) mirábamos con envidia a
los españolitos "pudientes" que llevaban a sus hijos a un colegio
"de pago", porque en nuestra ceporra mentalidad teníamos bien grabada
la creencia de que aquello que uno paga de su bolsillo, forzosamente ha de ser
mejor que lo que es gratis (como si la enseñanza pública no se pagase
indirectamente a través de los impuestos). De ese modo, a nada que mediante el
establecimiento de programas de subvenciones a los centros privados, se les ha
dado a las familias la oportunidad de llevar a sus hijos a la enseñanza privada,
pagando unos precios no ciertamente baratos pero sí asumibles en la mayoría de
los casos, las familias han entrado al trapo. ¿Qué es lo que buscan las
familias que mandan a sus hijos a estos centros? No tanto una mejor enseñanza
sino la posibilidad de tenerlos en un ambiente más "exclusivo", más
"selecto", más "cuidado" y a salvo de la
"morralla" que deambula por los centros públicos: pobres, gitanos,
inmigrantes, etc. ¡Así de crudo! Poco importa si algunos de esos centros son
segregadores, promueven en los chavales actitudes y valores abiertamente
racistas, xenófobos, homófobos, sexistas y antidemocráticos en general
(coincidentes las más de las veces con la ideología de los padres) o mantienen
a sus trabajadores en unas condiciones laborales absolutamente vergonzosas (yo
he trabajado en la privada-privada y en la privada-concertada y sé muy bien de
lo que hablo). Lo importante es que sus hijos estén "a salvo".
¿Quiere esto decir que la enseñanza pública terminará desapareciendo en favor
de la enseñanza privada? Por descontado que tal cosa no sucederá. Lo que se
pretende es que el mayor peso del sistema educativo del país deje de llevarlo
una red de centros públicos con cargo al contribuyente (porque, como ya he
dicho, se considera algo muy caro) y pase a hacerse cargo del grueso de la
educación una red de centros de gestión privada subvencionados con dinero
público. Sobre esos centros, al ser privados, los poderes públicos no pueden
ejercer ningún tipo de control. Sólo poner la pasta. Esos centros seguirán
reservándose el derecho de admisión y continuarán rechazando a chicos y chicas
que, por la razón que sea, consideren problemáticos o sencillamente que no se
ajustan a los perfiles del centro en cuestión. Para esos chavales siempre
quedarán los centros públicos, unos centros degradados y convertidos en meros
aparcaderos para toda esa "morralla" que los papás que se están
rascando el bolsillo no desean ver ni en pintura en los centros donde llevan a
sus retoños. Tengamos siempre presente que si unos papás pagan por un ambiente
"selecto" para sus hijos, en algún lugar habrá que meter al
"material sobrante". Esto es lo que el neo-liberalismo ofrece a las
familias, amparándose en una interpretación absolutamente canalla del derecho
de estas a elegir el centro donde quieren llevar a sus hijos, pues para las
familias que optan por una enseñanza pública de
calidad (y la demandan) ese derecho se queda en papel mojado.