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domingo, 18 de enero de 2015

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KANT

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EL USO TEÓRICO DE LA RAZÓN EN KANT

1. INTRODUCCIÓN

   Según García Morente, la labor de Kant consistió en dar plena terminación al camino que va desde la vieja actitud realista de los griegos hasta la moderna actitud idealista, la cual quedaba todavía incompleta en Descartes, los empiristas y Leibniz, debido a que todos estos filósofos aún mantenían ciertos restos de realismo al postular como cosa en sí alguno de los elementos que fueron encontrando en sus respectivos análisis: el yo, las sensaciones o las mónadas. El mérito de Kant consiste precisamente en haber acabado con la cosa en sí como objeto de conocimiento. Justamente el mayor descubrimiento de Kant consiste en haberse dado cuenta de que entre el ser en sí y el no ser, existe el ser para mí, el ser del conocimiento, un ser que es puesto lógicamente por el sujeto para ser conocido. Co ello cierra Kant el camino que se había abierto con Descartes e inaugura una nueva senda para la filosofía: El idealismo trascendental.

   Kant sale a la palestra filosófica en pleno siglo XVIII en el cruce de tres corrientes de pensamiento: el racionalismo de Wolf y Leibniz, el empirismo de Hume y la ciencia físico-matemática de Newton. Pero Kant es, ante todo, un digno heredero de los principios de la Ilustración, con sus ideales humanistas y el predominio de la razón conjuntada con la experiencia y limitada por ésta en lo tocante a sus pretensiones cognoscitivas. Esto convierte a la filosofía es una especie de ciencia sistemática de la razón pura, entendida esta última como el conjunto de todas las facultades cognoscitivas superiores.
   Al igual que los racionalistas y que los empiristas, Kant parte de la necesidad de elaborar una teoría del conocimiento previa a toda labor metafísica. Pero mientras que racionalistas y empiristas se preguntan por la posibilidad de un conocimiento que se está fraguando, Kant se pregunta cómo es posible un conocimiento al que considera un hecho plasmado en la matemática y en la física de Newton. Ello le lleva a preguntarse cómo es posible que la metafísica no haya alcanzado el camino seguro de la ciencia que han emprendido la matemática y la física.

  Partiendo de que el conocimiento es un hecho y de que la ciencia físico-matemática de Newton es su expresión más acabada, Kant se pregunta cómo es posible la ciencia. Analiza los contenidos de ésta y observa que consisten en juicios. Ve entonces que el racionalismo es insostenible porque intenta salvar la universalidad del conocimiento a costa de desechar la experiencia por considerarla fuente de errores. Observa asimismo que el empirismo también está equivocado, porque salva la experiencia pero a costa de no poder introducir en ella universalidad ni legalidad alguna. Kant considera que en ambas posturas se da un error fundamental: creer que en el conocimiento es el sujeto quien debe acomodarse al objeto. Es en este punto donde Kant lleva a cabo la revolución copernicana en el pensamiento al preguntarse si en vez de acomodar el sujeto al objeto, no obtendremos mejores resultados operando al contrario, de modo que sea el sujeto, y no el objeto, quien se convierta en centro del conocimiento. No se tratará, claro está, del mero sujeto empírico, un sujeto al modo cartesiano, dotado de ideas innatas, ya que tendrá que adquirir por y desde la experiencia el contenido de sus conocimientos. Pero si bien para el sujeto kantiano todo conocimiento ha de comenzar con la experiencia, no todo conocimiento, sin embargo, se podrá reducir a la misma, ya que aunque todo conocimiento haya de tomar de la experiencia sus contenidos, hay, para Kant, algo en el conocimiento que es absolutamente a priori: la forma del mismo. Nos hallamos, pues, ante un a priori estructurante: el sujeto kantiano recibe la materia del conocimiento desde la experiencia, pero le impone la forma según estructuras a priori.


2. EL USO TEÓRICO DE LA RAZÓN

   Partiendo Kant de que la ciencia físico-matemática de la naturaleza es un hecho incontrovertible, se fija en que esta ciencia se compone de juicios en los que hay un sujeto del cual se habla y acerca del cual se emiten afirmaciones. Es en este punto donde Kant los divide en juicios analíticos (meras tautologías fundadas en el principio de identidad) y juicios sintéticos (fundamentados en la experiencia), para concluir que la ciencia físico-matemática está compuesta de juicios sintéticos pero que son a priori, independientes de la experiencia, juicios que son universales pero que, a diferencia de los analíticos, amplían nuestros conocimientos. Con esto, Kant lleva a cabo una primera síntesis entre racionalismo y empirismo: si la ciencia se compusiese, como pretende Leibniz, de juicios analíticos, de meras verdades de razón, la ciencia sería vana; sería pura tautología. Pero si, como pretende Hume, la ciencia estuviese compuesta de juicios sintéticos, de puros enlaces de impresiones, no sería conocimiento sino simple costumbre. Pero la ciencia físico-matemática no es ni un hábito ni una costumbre sin fundamento lógico. Luego Kant transforma el problema de cómo es posible el conocimiento en el problema de cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la matemática y en la física. Con ello da comienzo a la Crítica de la razón pura.


3. LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

3.1. Estética trascendental

   Preguntar por la posibilidad de la matemática es preguntar cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la geometría y en la aritmética. En la geometría son posibles porque las figuras geométricas son construcciones que el sujeto hace a priori, sin recurrir a la experiencia, partiendo de la intuición pura del espacio. Esto es así, porque los conceptos geométricos no se definen, sino que se construyen. Ahora bien: la geometría, siendo a priori, no derivándose de la experiencia, impone sin embargo su ley a la experiencia. ¿Cómo es posible? Sencillamente, porque el espacio es una forma a priori de la sensibilidad. Este espacio a priori, presta la forma geométrica a todas las cosas. Por ello la geometría coincide con la realidad.

   ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la aritmética? Sencillamente, porque se basan en el tiempo, que es, justamente con el espacio, la otra forma a priori de la sensibilidad. La intuitividad y el apriorismo del tiempo son la condición de la posibilidad de los juicios sintéticos en la aritmética. Para poder sumar, restar, multiplicar o dividir, hemos de intuir el tiempo, y eso lo hacemos, además, a priori.
   Ahora bien, ¿Por qué la geometría y la aritmética se compenetran tan divinamente, hasta el punto de que mediante la geometría analítica podemos traducir figuras a ecuaciones y viceversa, y que mediante el cálculo infinitesimal podemos encontrar la ley de desarrollo de un punto de cualesquiera direcciones del espacio? Simplemente, porque mientras que el espacio es la forma a priori de la sensibilidad externa, el tiempo lo es, a la vez, de la sensibilidad externa y de la interna. De esta forma la aritmética representa un sistema de leyes a priori, leyes independientes de la experiencia y que se imponen a toda percepción sensible.

  La estética trascendental kantiana reconstruye como una teoría lógica de la percepción, por el contrario a la teoría meramente psicológica del emprimo. En ella kan hace un considerable esfuerzo para acabar con el residuo de realismo que aún coleaba en Descartes, Berkley, Hume y Leibniz: la cosa en sí. Frente a ella establece las condiciones que un objeto debe cumplir no para ser considerado cosa en sí, sino cosa para mí, es decir, objeto de conocimiento.

B. Analítica trascendental

   La matemática determina las condiciones formales que han de tener todas las cosas que entren en posible conocimiento. Ahora bien, la ciencia humana no se contenta con ser matemática, sino que además es física, es decir, no sólo ha determinado a priori las formas que pueden tener los objetos, sino que ha determinado también la existencia, la realidad y las leyes que rigen la aparición y desaparición de los objetos mismos en tanto fenómenos. ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física? Un ejemplo lo constituye la mecánica racional. Esta disciplina enuncia un montón de teoremas acerca de objetos reales, por ejemplo, las leyes del movimiento; y, sin embargo, esas leyes del movimiento no son derivadas de la experiencia, sino que las sacamos íntegramente de nuestro pensamiento. Pero luego las aplicamos a la realidad y ésta se pliega a ellas inmediatamente. ¿Cómo es ello posible? Aquí es donde entran en juego las categorías.
   Descartes ya estableció que la realidad es algo a lo cual se refiere el pensamiento. Pero esa realidad no será puesta, afirmada, no tendrá validez plena, si yo no juzgo, es decir, si yo no formo un juicio que diga que ese pensamiento es pensamiento de esa realidad.
   Decir que algo es real es ponerlo como sujeto posible de juicios, de afirmaciones o negaciones. La función de los juicios es, pues, poner la realidad. Entonces, si el juicio es la posición de la realidad, la función intelectual de formular juicios será al mismo tiempo la función intelectual de estatuir realidades.

   Esta identificación de la función lógica del juicio con la función ontológica de poner la realidad, es el punto de partida de que Kant se sirve para deducir todas las variedades de toda realidad posible. Las variedades de todo juicio posible contienen en su seno las variedades de toda posible realidad.  La deducción metafísica de las categorías consiste, pues, en derivarlas a priori de las 12 formas posibles de los juicios.



JUICIOS Y CATEGORÍAS

1.CANTIDAD

Universal                                                                                                                   Unidad

Particular                                                                                                               Pluralidad


Singular                                                                                                                  Totalidad




2. CUALIDAD

Afirmativo                                                                                                             Realidad

Negativo                                                                                                              Negación


Indeterminado                                                                                                     Limitación



3. RELACIÓN

Categórico                                                                                                         Inherencia

Hipotético                                                                                                    Causa y efecto

Disyuntivo                                                                                                         Comunidad



4. MODALIDAD

Problemático                                                                             Posibilidad – imposibilidad

Asertórico                                                                                 Existencia – inexistencia


Apodíctico                                                                                Necesidad – contingencia


  
   La deducción trascendental de las categorías nos las muestran como formas a priori del entendimiento, siendo por ello condiciones del conocimiento, a la vez que son condiciones de la realidad en tanto que fenoménica. Es muy simple: ¿Qué se necesita para que exista conocimiento? Que haya objetos; que esos objetos tengan una esencia; que estén relacionados unos con otros como causas y efectos. En suma: todo lo que las categorías nos dicen. Ahora bien, esas categorías ¿Cómo las tenemos? No nos pueden venir de las cosas, pues, como ya se encargó de advertir Hume, nosotros no tenemos impresión alguna de la esencia, de la causalidad, de la relación, etc. Pero si esas categorías no nos vienen de las cosas, entonces no queda más remedio que admitir que las hemos puesto nosotros. En efecto, el sujeto trascendental impone a priori las categorías a la realidad para poder conocerla en tanto que realidad fenoménica. En esto consiste el giro copernicano que da Kant al tratar el problema del conocimiento. El sujeto ya no se acomoda al objeto para conocerlo en cuanto cosa en sí misma, sino que es el objeto el que se acomoda a las condiciones de conocimiento que el sujeto le impone a priori para conocerlo en tanto que fenómeno.

   Ahora bien, el sujeto trascendental no es el simple sujeto empírico, el simple yo psicológico, el yo de las vivencias, el yo de Descartes o el del empirismo inglés, el yo como unidad puramente vital de nuestro ser, sino el yo como sujeto cognoscente, como sujeto que se propone un objeto a conocer, para lo cual imprime a ese objeto las características categoriales del ser, de la sustancia, de la causalidad, etc.
  El sujeto trascendental es el punto donde percepción y pensamiento se unifican para dar unidad a la multiplicidad de la intuición.

   A la relación entre el sujeto y la multiplicidad de la intuición le denomina Kant apercepción pura y la distingue de la simple intuición empírica entendida ésta como simple consciencia de un estado psíquico. El yo pienso, idéntico, que acompaña a toda representación es a la vez la posibilidad de toda experiencia posible y estructura dicha experiencia mediante las categorías como formas a priori del entendimiento. Tal es el sujeto trascendental. Por ello, en última instancia, las categorías están dadas en dicho sujeto.
   Ahora bien, los conceptos del entendimiento y las intuiciones empíricas son heterogéneos. A diferencia del espacio y del tiempo, que son intuiciones puras, las categorías no pueden ser nunca descubiertas en una intuición. ¿Cómo se determina entonces la subsunción de las intuiciones bajo las categorías que les corresponden, posibilitando con ello la aplicación de éstas a los fenómenos? Mediante los esquemas como procedimiento que tiene la imaginación para construir imágenes correspondientes a ese concepto. Así, el esquema, por ser GENERAL, tiene afinidad con el concepto, y la imagen, por ser PARTICULAR, posee afinidad con la multiplicidad de la intuición sensible. La imagen es el producto espontáneo de la imaginación, la cual trabaja según un esquema producido por ella.

C. Dialéctica trascendental

   Si preguntarse por la posibilidad de la matemática y de la física como ciencia era preguntar cómo son posibles en ellas los juicios sintéticos a priori –dando por hecho que son posibles- , preguntarse por la posibilidad de la metafísica como ciencia es preguntarse no cómo son posibles en ella los juicios sintéticos a priori, sino si son posibles. En la estética y en la Analítica trascendentales se establecen las condiciones de todo conocimiento posible y al mismo tiempo de toda objetividad posible, y nos encontramos ahora con una disciplina -–metafísica – que quiere eludir esas condiciones indispensables de todo conocimiento posible. La metafísica es, pues, una disciplina ilegítima, precisamente por su afán de querer conocer lo incognoscible: la cosa en sí. El afán sintetizador de la razón la lleva a intentar síntesis que van más allá de la experiencia, de los datos sensibles queriendo llegar, absolutamente, a la totalidad de todo lo sintetizable. Así intenta llevar a cabo sus tres grandes síntesis, el alma como síntesis de todas mis vivencias, el universo como síntesis de todos los objetos, y Dios como síntesis suprema de todo lo existente y las toma como realidades, como cosas en sí mismas, cuando en verdad se trata de simples ideas de la razón, cuya función es meramente regulativa: dar alas al conocimiento, el cual termina haciendo siempre petición de lo incondicionado. Este salto ilegítimo de lo condicionado a la totalidad incondicionada es lo que le hace cometer a la razón los siguientes paralogismos y antinomias:


ANTINOMIAS
1. El universo tiene y no tiene límites en el espacio y comienzo en el tiempo.


   El universo tiene que tener un principio en el tiempo, porque si el universo no tiene un principio en el tiempo, no tendría sentido eso que llamamos acontecer, que es precisamente el hecho de que todo lo que existe comienza a existir en un momento y cesa de existir en otro. Además tiene que tener un límite en el espacio, pues todo cuanto existe, existe en el espacio y por fuerza, so pena de confundirse con el espacio mismo, ha de estar forzosamente limitado por él. Pero la antítesis es igualmente demostrable: si el universo ha comenzado en el tiempo, entonces antes no había nada. Pero de la nada, nada sale.

2- El universo se compone y no se compone de elementos simples.

   Lo primero, porque si suponemos que algo existe, ese algo o se disuelve en la nada o tiene que componerse de elementos atómicos, indivisibles. Lo segundo, porque si algo existe ocupa un lugar en el espacio, tiene por ello extensión y si tiene extensión es infinitamente indivisible.

3 El universo tiene y no tiene una causa incausada.

  Las dos proposiciones son igualmente demostrables. Porque en virtud de las categorías de causalidad, no podemos suponer nada real que no sea efecto de causa alguna; por consiguiente no podemos detenernos en la investigación de las causas. Pero por otra parte, si nos detenemos en la investigación de las causas, todo nuestro conocimiento de las cosas reales está colgado de una incógnita, de una contingencia absoluta.


4. Existe y no existe un ser necesario: Dios.

   Esta es una simple variante de la antinomia anterior.

   El error de las dos primeras antinomias consiste en que el espacio y el tiempo se toman como cosas en sí y no como formas que nuestra facultad de conocer aplica a los fenómenos.
   En las dos últimas antinomias, la tesis se toma en sentido ajustado a las leyes del conocimiento. Pero en cambio las antítesis se salen de las condiciones del conocimiento y se refieren a cosas en sí mismas.
   En la tercera parte de su estudio Kant somete a crítica las pruebas tradicionales de la existencia de Dios. Al argumento ontológico, porque la existencia no es algo que se pueda predicar sin más como propiedad de un concepto, sino que sólo puede aplicarse a percepciones sensibles. Al argumento cosmológico, porque, al postular a Dios como causa incausada, simplemente lo que hace es detenerse sin motivo alguno en la serie causal.



  Los paralogismos
   La conclusión a la que llega la Crítica de la razón pura es que la razón, en su uso teórico, no nos permite el conocimiento de cosas en sí mismas. Por ello la metafísica es imposible como conocimiento científico. Pero que la razón humana, en su labor cognoscitiva, teorética, no pueda hacer metafísica, implica que tampoco puede refutar la metafísica que por otras vías se haga. Dicho de otro modo: Kant concede a los físicos que no tienen por qué ocuparse en afirmar el alma, ni Dios, ni el universo; pero también les exige que no se ocupen de esos objetos tampoco para refutarlos. O dicho de otro modo: que los físicos se limiten a hacer física, pero que no hagan filosofía, porque la hacen muy mal.
  Y así, Kant prepara el terreno para una nueva metafísica que no es objeto de conocimiento racional, puramente teórico; una metafísica que no se basa en la conciencia cognoscente, sino en otras actividades de la conciencia. Pero esa es ya materia de la Crítica de la razón práctica.

4.CRÍTICAS A KANT

1. Si las categorías son esos conceptos primarios, necesarios y universales, con los que la subjetividad trascendental configura el objeto en general en tanto que fenómeno; si el noúmeno no posee realidad objetiva alguna porque no pueden serle aplicadas las categorías sin caer en una ilusión trascendental, quiere decirse que mi único conocimiento posible y real es la representación del objeto, es decir: mis impresiones unificadas mediante el concepto. Por tanto, la representación es el objeto, o al menos el “objeto” de mi conocimiento. ¿Qué sentido tiene seguir manteniendo la cosa en sí como algo incognoscible, inaccesible? La cosa en sí como el “mundo verdadero”, inaccesible, incognoscible; ¡eliminémosle! ¿A qué puede obligarnos algo incognoscible?

2. Las categorías se deducen de la tabla de juicios posibles. Pero esta tabla, a la luz de la moderna lógica, es incompleta. Kant creyó sencillamente que la lógica había alcanzado su forma final con Aristóteles, lo que las modernas lógicas no-clásicas se han encargado de desmentir. Además, no todos los juicios pueden clasificarse mediante la estructura de sujeto y predicado, como Kant pretende. Como bien señala Justus Hartnak: parece arbitrario que, aparte de los juicios categóricos, sólo se señalen bajo la categoría de relación los juicios hipotéticos y disyuntivos. ¿por qué no los conjuntivos?

3. La deducción trascendental de las categorías, que es justamente el núcleo central de toda la Crítica, está afectada de circularidad. Las categorías surgen del sujeto trascendental, el cual las impone a priori a la realidad como condiciones de la objetividad. Pero el propio sujeto trascendental surge al aplicar las categorías a las vivencias internas para unificarlas.

4. Kant deriva las categorías a partir de la forma de los juicios posibles porque comete el error (según los realistas) de creer que el acto intelectual de juzgar, equivale al acto de poner la realidad, de modo que la realidad no tiene validez plena si yo no juzgo, es decir, si yo no formo un juicio que diga que ese pensamiento expresado en el juicio es pensamiento de una realidad. Pero si eso es así, del simple hecho de emitir el juicio siguiente: el centauro es un animal racional, ya doy por sentado que el centauro existe, puesto que lo estoy poniendo como sujeto posible de una multitud de juicios y en eso precisamente consiste, según Kant, decir que algo es real.

5. ¿Cómo se determina la correcta subsunción de las intuiciones bajo las categorías que les corresponden y con ello la aplicación de éstas a los fenómenos? El recurso a los esquemas como procedimiento que la imaginación emplea para elaborar las imágenes correspondientes a los objetos, no resulta convincente.


APÉNDICE: CONTRACRÍTICA DE KANT A LA CRÍTICA DE HUME AL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD

   Para Hume el juicio, "todo lo que comienza a existir tiene su causa" es a posteriori, contingente y no strictamente universal: proviene de la experiencia, es una generalización resultante de que hemos observado repetidas veces la sucesión constante de dos fenómenos; ahora bien, como la experiencia no muestra conexiones necesarias, sino que muestra solamente que las cosas suceden de hecho así y no que tengan que suceder necesariamente así, tal juicio no es estrictamente universal ni necesario, sino contingente. Ciertamente, señala Hume, hasta ahora la experincia no nos ha mostrado nunca algo que comience a existir sin causa, pero eso no implica que sea lógicamente imposible: lógicamente imposible sería que algo existiera y no existiera a la vez, que comenara y no comenzara a existir (se violaría el principio de no-contradicción), pero no que algo comience a existir sin causa. Si esto sucediera -piensa Hume- nos extrañaría sobremanera, porque estamos habituados a lo contrario; sin embargo, podemos concebirlo como posible sin incurrir en contradicción.
   La argumentación de Hume a favor de que el principio de causalidad es sintético a posteriori (contingente y no estrictamente universal) es una argumentación poderosa. ¿Qué tiene Kant que oponer a esta argumentación? Según Kant, Hume fue víctima de un error al confundir las leyes particulares causales con el principio general de causalidad. Tomemos una ley causal cualquiera, por ejemplo, "los cuerpos son diltados por el calor". Probablemente Kant no tendría inconveniente en reconocer ue se trta de un juicio sintético a posteriori. El razonamiento anteriormente expuesto de Hume es perfectamente aplicable a este juicio: la experiencia nos muestra que, de hecho, los cuerpos son dilatados por el calor, pero no que necesariamente tenga que ser así; es perfctamente concebible sin conytradicción que un cuerpo se contraiga en vez de dilatarse. Es, pues, un juicio a posteriori, basado en la exèrienci, y como tal, ni estrictamente universal ni necesario. Puestos a suponer, supongamos que un buen día un cuerpo se contrae en tales circunstanias en vez de dilatarse. ¿Singificaría esto una excepción al principio general de causalidad? No, piensa kant. Significaría una excepción a esa ley particular, pero no al principio de causalidad. Tal contracción no dejaría por ello e tener una causa. El principio de causalidad es una ley universal y necesaria, una ley que el entendimiento aplica necesaria y universalmente a todos los fenómenos de la experiencia.


EL USO PRÁCTICO DE LA RAZÓN EN KANT

TEORÍA ÉTICA

   La Razón es una y la misma en todos los seres humanos, pero tiene dos dimensiones: la dimensión teórica, en la que se pregunta ¿qué puedo conocer? y la dimensión práctica, en la que se pregunta ¿qué debo hacer? Si, en la Crítica dela Razón Pura, Kant buscaba los fundamentos trascendentales del conocimiento (resultando ser estos el espacio y el tiempo como formas a priori de la sensibilidad, y las categorías como conceptos puros del entendimiento) en la Crítica de la Razón Práctica y en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant se consagrará a buscar los fundamentos trascendentales de la moral. Dichos fundamentos, tal como ocurriera con los fundamentos del conocimiento, sólo pueden ser a priori, independientes de la experiencia.Dicho de otra forma: lo que Kant se propone es buscar los fundamentos de una moral que ha de ser universal, racional, absoluta y autónoma. Por tanto, no pueden ser los hechos (neutros en sí mismos), ni las emocio0nes o los sentimientos contrariamente al emotivismo moral de Hume) los que presten a la moral los fundamentos que Kant busca. Tales fundamentos sólo pueden proceder de la razón.

   Si la forma básica del conocimiento era el juicio y el verdadero conocimiento se basaba en la posibilidad de formular juicios sintéticos a priori, la forma de toda acción moral la da el imperativo. Los juicios describen (todos los metales se dilatan con el calor, por ejemplo) mientras que los imperativos prescriben o mandan (los hombres deben ser sinceros, por ejemplo). Atendiendo a esto, Kant considera que todas las éticas anteriores son de carácter material, las somete a una dura crítica y en su lugar propone una ética de carcter formal.

Éticas materiales. En ellas la bomdad o maldad de las acciones vienen determinadas por lo que se considera que es el bien supremo para el hombre (el placer, el poder, la felicidad, Dios...). la forma por la que todas estas éticas se dirigen es la del imperativo hipotético, es decir que sus normas solo valen como instrucciones precisas para alcanzar un determinado fin (si quieres ser feliz, no te metas en politica, por ejemplo). kant rechaza estos tipos de ética por tres motivos:

- Tanto su contenido como sus normas se apoyan en la experiencia (son a posteriori). Pero ya sabemos que la experiencia no puede crear universalidad ni necesidad alguna, porque es siempre cambiante, mientras que la ética que kant busca ha de estar basada en principios universales y necesarios (a priori)

- Estas éticas reciben sus contenidos (el placer, o el que sea) de instancias ajenas a la razón, como la naturaleza o Dios. Son éticas heterónomas, porque se mueven, en última instancia, por esperanza de premio y por temor al castigo. Pero una ética racional no puede reconocer más autoridad que la de la razón. por tanto, no puede ser heterónoma.

   Frente a las éticas materiales, Kant propone una ética formal. Esta ética no nos dice qué debemos hacer, no propone ningún fin para las acciones humanas y,en consecuencia, no contiene normas o mandamientos, sino que nos ofrece un criterio puramente racional que nos permite determinar a priori si una acción cualquiera es moralmente correcta o no. Tal criterio viene expresado no ya en la forma de un imperativo hipotético cualquiera (si quieres esto, entonces haz esto otro), sino en la forma del imperativo categórico (hazlo porque es tu deber). Kant nos dice que sólamente hay una cosa en el mundo que puede ser llamada absolutamente buena sin restricciones: una buena voluntad. pues bien, la voluntad se muestra como buena únicamente cuando actúa por puro deber. pero ¿quién le dicta lo que es su deber? justamente la razón autónoma y libre. Es la propias razón autónoma y libre la que se da a sí misma la ley moral en la forma del imperativo categórico. es una forma de decir que es el propio individuo, en cuanto ser racional, autónomo y libre, quien se convierte en el legislador de sí mismo. En esta ética formal kantiana, no es el concepto de bien el que fundamenta la ley moral, sino, al revés, es la ley -que se fundamenta en la autonomía de la voluntad- la que determina lo que es bueno. Se produce quí un giro copernicano parecido al que diera Kant en el tema del conocimiento en la Crítica de la Razón Pura.
   En definitiva, actuar por puro respeto a la ley es actuar según la forma del imperativo categórico. El imperativo categórico se enuncia de dos formas: 

a) Obra como si la máxima que rige tu acción pudiera tornarse, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza

b) Obra de manera que consideres a la humanidad, en tu propia persona y en la de los demás, siempre como un fin en sí mismo.

   En relación con el deber, Kant distingue tres tipos de acciones.

- Acciones contrarias al deber. Son acciones que no pueden convertirse en normas universales sin caer en contradicción. por ejemplo: torturar a un semejante.

- Acciones conformes al deber. Son acciones que se realizan por un móvil ajeno al deber, pero que coinciden con él. por ejemplo: no torturar a un semejante por miedo al castigo de la justicia.

- Acciones por puro deber. Aquellas que no tienen otra motivación que el deber, porque no podemos transformarlas en ley universal sin caer en contradicción. Yo no puedo querer que el torturar a un semejante se convierta en ley universal,porque entonces los demás podrían torturarme a mí. Solamente este tipo de acciones tiene verdadero valor moral para Kant, ya que su valor moral no radica en el fin perseguido ni en los medios utilizados sino en el móvil: el puro deber.
  





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