MATERIALES PARA LOS ALUMNOS
TOMÁS DE AQUINO
ENLACE DEL VÍDEO SOBRE TOMÁS DE AQUINO
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TOMÁS DE
AQUINO
RAZÓN Y
FE
La relación
entre la razón y la fe
La relación del cristianismo con la filosofía viene
determinada, ya desde sus inicios, por el predominio de la fe sobre la razón.
Esta actitud queda reflejada en el "Credo ut intelligam" de
San Agustín, tributario en este aspecto del "Credo quia absurdum
est" de Tertuliano, y que se transmitirá a lo largo de toda la
tradición filosófica hasta Santo Tomás de Aquino, quien replanteará la relación
entre la fe y la razón, dotando a ésta de una mayor autonomía.
No obstante, también santo Tomás será, en este
sentido, deudor de la tradición filosófica cristiana, de carácter
fundamentalmente agustiniano, aceptando el predominio de lo teológico sobre
cualquier otra cuestión filosófica, así como los elementos de la fe que deben
ser considerados como imprescindibles en la reflexión filosófica cristiana: el
creacionismo, la inmortalidad del alma, las verdades reveladas de la Biblia y
los evangelios, y otros no menos importantes que derivan de ellos, como la
concepción de una historia lineal y trascendente, en oposición a la concepción
cíclica de la temporalidad típica del pensamiento clásico.
Sin embargo, esa relación de dependencia de la razón
con respecto a la fe será modificada sustancialmente por santo Tomás de Aquino.
A lo largo del siglo trece, el desarrollo de la averroísmo latino había
insistido, entre otras, en la teoría de la "doble verdad", según la
cual habría una verdad para la teología y una verdad para la filosofía,
independientes una de otra, y cada una con su propio ámbito de aplicación y de
conocimiento. La verdad de la razón puede coincidir con la verdad de la fe, o
no. En todo caso, siendo independientes, no debe interferir una en el terreno
de la otra. Santo Tomás rechazará esta teoría, insistiendo en la existencia de
una única verdad, que puede ser conocida desde la razón y desde la fe.
Sin embargo, reconoce la particularidad y la
independencia de esos dos campos, por lo que cada una de ellas tendrá su objeto
y método propio de conocimiento. La filosofía se ocupará del conocimiento de
las verdades naturales, que pueden ser alcanzadas por la luz natural de la
razón; y la teología se ocupará del conocimiento de las verdades reveladas, de
las verdades que sólo puede ser conocidas mediante la luz de la revelación
divina. Ello supone una modificación sustancial de la concepción tradicional
(agustiniana) de las relaciones entre la razón y la fe. La filosofía, el ámbito
propio de aplicación de la razón deja, en cierto sentido, de ser la "sierva"
de la teología, al reconocerle un objeto y un método propio de conocimiento. No
obstante, santo Tomás acepta la existencia de un terreno "común" a la
filosofía y a la teología, que vendría representado por los llamados
"preámbulos" de la fe (la existencia y unidad de Dios, por ejemplo).
En ese terreno, la filosofía seguiría siendo un auxiliar útil a la teología y,
en ese sentido, Sto. Tomás se refiere a ella todavía como la "criada"
de la teología.
Pero, estrictamente hablando, la posición de santo Tomás
supondrá el fin de la sumisión de lo filosófico a lo teológico. Esta distinción
e independencia entre ellas se irá aceptando en los siglos posteriores, en el
mismo seno de la Escolástica, constituyéndose en uno de los elementos
fundamentales para comprender el surgimiento de la filosofía moderna.
LA METAFÍSICA
La metafísica tomista. Los elementos aristotélicos
La "Suma Teológica" se considera la obra cumbre de santo Tomás,
quien comienza en ella su discurso planteando el problema teológico de la existencia
de Dios, pasando a continuación al tratamiento de otras cuestiones de carácter
teológico y, posteriormente, al estudio del ser creado. Es una buena prueba del
valor de la reflexión teológica en el conjunto del pensamiento tomista. No
obstante, la demostración de la existencia de Dios y otras cuestiones
teológicas están sometidas a determinados presupuestos metafísicos que es
necesario conocer y que constituyen el punto de partida de su filosofía. La
mayor parte de la metafísica tomista procede de Aristóteles, aunque también hay
elementos procedentes del platonismo agustiniano y de la filosofía árabe, como
veremos a continuación.
Al igual que para Aristóteles, para Sto. Tomás la metafísica es la ciencia
del "ente en cuanto ente" y, como tal, la ciencia de las primeras
causas y principios del ser. Al igual que Aristóteles aceptará, pues, la teoría
de las cuatro causas, la teoría de la sustancia y la teoría del acto y la
potencia. Pero la necesidad de conciliar el aristotelismo con el cristianismo le
llevará a introducir una nueva estructura metafísica, utilizada ya por Avicena:
la de la distinción entre esencia y existencia. Además, recurrirá a las teorías
platónicas de la participación, de la causalidad ejemplar y de los grados del
ser.
La teoría de
las cuatro causas
En el libro I de la Metafísica, luego de haber identificado el verdadero
saber con el conocimiento de las causas del ser, Aristóteles nos presentaba las
cuatro causas de las que ya nos había hablado en la Física. Santo Tomás de
Aquino aceptará y adoptará la formulación aristotélica de la teoría de las
cuatro causas: la causa material, aquello de que está hecha una cosa; la causa
formal, lo que es una cosa; la causa eficiente, el agente que la produce; y la
causa final, el para qué de una cosa.
La teoría de
la sustancia
Igualmente la sustancia es identificada con la entidad concreta y
particular, constituida por un compuesto indisoluble de materia y forma. En
cuanto tal, es el modo privilegiado de ser, el sujeto en el que inhieren los
accidentes, las formas de ser que no son sujeto sino que se dan en un sujeto.
Acepta, por lo tanto, la misma ordenación de las categorías accidentales que
Aristóteles: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado,
acción y pasión. ¿Es posible la existencia de sustancias que no estén
compuestas de materia y forma? Ha de serlo, si se pretende conciliar la
filosofía aristotélica con la revelación, que se refiere, al menos, a dos de
ellas: los ángeles y Dios. Pero será preciso recurrir a otros elementos
metafísicos no aristotélicos, como veremos posteriormente, para poder explicar
su posibilidad.
La teoría
del acto y la potencia
También con Aristóteles compartirá la distinción entre ser en acto y ser en
potencia. Por ser en acto se refiere, con Aristóteles, a la sustancia tal como
en un momento determinado se nos presenta y la conocemos; por ser en potencia
entiende el conjunto de capacidades o posibilidades de la sustancia para llegar
a ser algo distinto de lo que actualmente es. Un niño tiene la capacidad de ser
hombre: es, por lo tanto, un niño en acto, pero un hombre en potencia. Es
decir, no es un hombre, pero puede llegar a serlo. Junto con las dos teorías
anteriormente citadas dispone santo Tomás de todas las estructuras metafísicas
necesarias para dar cuenta de la realidad física, del mundo, pero no de Dios,
por lo que se verá forzado a recurrir a una nueva estructura metafísica de
procedencia no aristotélica: la de esencia y existencia.
Metafísica.
La teoría de la esencia y la existencia
La metafísica aristotélica conduce a una interpretación del mundo
difícilmente conciliable con el cristianismo: el mundo es eterno y está
compuesto de una multiplicidad de sustancias que, en cuanto tales, tienen la
misma entidad. ¿Cómo conciliar la eternidad del mundo con la creación? ¿Cómo
conciliar la identificación del ser con la sustancia con la afirmación de que
hay una sustancia suprema, y radicalmente distinta de todas las demás? La
distinción que ya había establecido Avicena entre la esencia y la existencia
será la respuesta que buscará santo Tomás: además de las estructuras
anteriormente citadas, y basada especialmente en la teoría del acto y la
potencia, habrá que distinguir en cada sustancia la esencia de la existencia.
La esencia está respecto a la existencia como la potencia respecto del acto. Lo
que una cosa es, su esencia, puede ser comprendido independientemente de que
esa cosa exista o no; e independientemente de su existencia o no, la esencia se
mantiene inalterable siendo lo que es.
Por ejemplo, comprendemos lo que es un hombre independientemente de que
existan o no hombres, y lo mismo con cualquier otra sustancia. La esencia
sería, pues, una cierta forma de ser en potencia: para existir tendría que ser
actualizada por otra entidad que le diese la existencia, ya que nada puede ser
causa de su propia existencia. Por lo tanto, todas las cosas que existen son un
compuesto de esencia y existencia. En ese sentido son contingentes, es decir no
tienen en sí mismas la necesidad de existir, pueden existir o no existir. ¿De
dónde les viene, pues, la existencia? Ha de proceder de otra sustancia que
exista eminentemente, es decir, de una sustancia cuya esencia consista en
existir y sea, por lo tanto, un ser necesario: Dios. Se establece así una distinción
o jerarquía entre los seres: los contingentes, los que recibe su existencia; y
el ser necesario, aquel en que la esencia y la existencia se identifican.
"Todo aquello que no está incluido en el
"concepto" de una esencia debe llegarle del exterior y adaptarse a
ella, ya que una esencia no puede ser concebida sin sus partes esenciales. Por
tanto, toda esencia o "quiddidad" puede ser captada por la razón sin que la existencia
lo sea igualmente. Yo puedo comprender lo que es un hombre o un fénix e ignorar
si uno u otro existen en la naturaleza de las cosas. Está claro que la
existencia es algo muy distinto de la esencia. [...] Luego todo lo que conviene
a una cosa, o se deriva de los principios de su naturaleza (como la capacidad
de reír en el hombre), o bien proviene de un principio extrínseco, como la
luminosidad de la atmósfera depende del sol. Es imposible que la existencia de
una cosa proceda de su naturaleza o de su forma, es decir, proceda a título de
causa eficiente. En ese caso, una cosa se convertiría en su propia causa, se
produciría a sí misma, lo cual es imposible. Es necesario que toda realidad, en
la que la existencia es distinta de la esencia, haya recibido de otro esta
existencia."("De ente et essentia", c.5)
La concepción de la esencia se modifica con respecto a la concepción
aristotélica: para Aristóteles la esencia venía representada exclusivamente por
la forma; para Sto. Tomás la esencia de los seres contingentes comprende
también la materia, y la esencia de los seres espirituales se identifica
exclusivamente con la forma, ya que carecen de materia. Se establece pues una
separación radical entre Dios y el mundo, haciendo del mundo una realidad
contingente, es decir, no necesaria, y que debe su existencia a Dios, único ser
necesario. Por lo demás, en la medida en que la existencia representa el acto
de ser se establece una primacía de ésta sobre la esencia. Esta identificación
del ser con la existencia le permitirá a Sto. Tomás hablar de seres
constituidos por formas puras, como los ángeles y Dios, distinguiéndose en que
los ángeles reciben también la existencia de Dios. Le es posible, entonces,
admitir sustancias inmateriales, lo que desde una posición estrictamente
aristotélica resultaría difícilmente sostenible.
Los
elementos platónicos de la metafísica tomista
La distinción entre la esencia y la existencia podría bastar para dar una
explicación jerárquica de la realidad, partiendo de Dios como ser necesario.
Sin embargo santo Tomás recurre a la teoría neoplatónica de los grados del ser,
estableciendo una jerarquía que va de los seres inanimados a Dios, pasando por
los seres vegetativos, los sensitivos y los racionales, en el mundo material, y
por los ángeles en las esferas celestes.
Recurre también a las teorías platónicas de la participación y la
causalidad ejemplar: los seres contingentes reciben la existencia de Dios, por
lo que su existencia participa de alguna manera de la existencia de Dios, el
único ser necesario, lo que conduce a Sto. Tomás a similares dificultades a las
que la teoría de la participación había conducido a Platón, aunque ahora en un
plano más estrictamente teológico.
La consideración de Dios como causa ejemplar, teorizada por San Agustín,
según la cual las Ideas de todas las cosas están en la mente de Dios, es parcialmente
aceptada por santo Tomás, a través de su interpretación "analógica"
del ser. En la medida en que todas las sustancias reciben la existencia de
Dios, el ser no les pertenece propiamente sino que lo tienen por analogía con
Dios; y lo mismo ocurre con las demás perfecciones.
LA
TEOLOGÍA
La tradición
teológica y el tomismo
Santo Tomás se encontrará con un relativamente amplio desarrollo del
pensamiento filosófico (aún al servicio de la fe) y con una nueva explicación
de la realidad (el aristotelismo) que se había desarrollado en Europa
recientemente y era conocida como "averroísmo latino". Hasta entonces
la filosofía occidental se había mantenido en el marco de la tradición
platónica, en un intento continuado de fusión del platonismo con el cristianismo,
mediatizado por la versión dada ya por San Agustín. Santo Tomás romperá
parcialmente con dicha tradición adoptando el aristotelismo como base de su
pensamiento filosófico.
Romperá también con la tradición al adoptar una nueva postura respecto a
las relaciones entre razón y fe. La filosofía no será concebida ya como la
simple "criada de la teología". Es cierto que la verdad es una, pero
para Sto. Tomás no es menos cierto que la razón tiene su propio ámbito de
aplicación, autónomo, dentro de esa verdad única, al igual que ocurre con la
fe. Y, cada una en su dominio, es soberana. Establece, pues, una distinción
clara entre razón y fe, entre filosofía (dominio de la razón) y teología
(dominio de la fe) tanto en virtud de su método, como por su objeto de estudio
y su ámbito de aplicación. Pero tampoco excluye la colaboración entre ambas, y
aún una cierta sumisión de la razón a la fe en las cuestiones en que la razón
no pueda definirse.
Así, tanto la adopción del aristotelismo como su concepción de la
naturaleza de la relación entre razón y fe, conducirán a Sto. Tomás al
desarrollo del "realismo filosófico", replanteando de un modo
radicalmente nuevo numerosas cuestiones que hasta entonces se habían
considerado ya decididas.
La
existencia de Dios
Por lo que respecta la existencia de Dios Sto Tomás afirma taxativamente
que no es una verdad evidente para la naturaleza humana, (para la razón,) por
lo que, quienes la afirmen, deberán probarla. La existencia de Dios, nos dice,
es evidente considerada en sí misma, pero no considerada respecto al hombre y
su razón finita y limitada. Tanto es así que ni siquiera las diversas culturas
o civilizaciones tienen la misma idea de Dios (judaísmo, islamismo,
cristianismo, politeísmo...) e, incluso, ni siquiera todos los hombres
pertenecientes a la misma cultura poseen la misma idea de Dios. Y esto es un
hecho ante el que no cabe discusión. Con ello pretende recalcar tanto la
importancia del tema como la legitimidad de solicitar una garantía de la razón,
independientemente de lo que afirme la fe. Si la existencia de Dios no es una
verdad evidente para nosotros es necesario, pues, que sea demostrada de un modo
evidente para la razón, de un modo racional, en el que no intervengan elementos
de la Revelación o de la fe.
Pero ¿Qué tipo de demostración hemos de elegir? No podemos partir de la
idea de Dios, ya que eso es precisamente lo que se trata de demostrar, lo que
se trata de conocer. Tampoco podemos recurrir a la demostración "a
priori ", puesto que esta demostración parte del conocimiento de la causa,
y de él llega al conocimiento del efecto: pero Dios no tiene causa. Sólo nos
queda, pues, partir del conocimiento que proporciona la experiencia humana, de
los seres que conocemos, tomados como efectos, y remontarnos, a través de
ellos, a su causa, es decir, argumentando " a posteriori”.
Siendo tal la posición de Sto. Tomás comprendemos por qué criticará
duramente el argumento ontológico y rechazará su validez. El argumento
anselmiano toma como punto de partida la idea de Dios como ser perfecto, pero
tal idea, dice Sto. Tomás, procede de la creencia, de la fe, y no tiene por qué
ser aceptada por un no creyente. Pero además, el argumento de San Anselmo
contiene un paso ilegítimo de lo ideal a lo real: pensar algo como existente no
quiere decir que exista en la realidad. La existencia pensada no tiene más
realidad que la de ser pensada, la de estar como tal en nuestro entendimiento,
pero no fuera de él. Para Sto. Tomás la existencia sólo puede ser alcanzada si
partimos de la existencia y argumentamos a partir de ella. Y la única
existencia indudable para nosotros es la existencia sensible. Por ello
desarrollará sus cinco pruebas de la existencia de Dios a partir siempre de la
experiencia sensible, la primera pero no la única forma de experiencia que el
hombre conoce...
Las cinco
vías de la demostración de la existencia de Dios
En la "Suma Teológica", primera parte, capítulos 2 y 3,
encontramos formuladas las cinco pruebas tomistas de la demostración de la
existencia de Dios, (conocidas como las "cinco vías"), que se exponen
a continuación:
Primera vía
Movimiento:
Nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero
todo lo que se mueve es movido por otro, y como una serie infinita de causas es
imposible hemos de admitir la existencia de un primer motor no movido por otro,
inmóvil. Y ese primer motor inmóvil es Dios.
"La primera y más clara se funda en el
movimiento. Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el
mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por
otro, ya que nada se mueve mas que en cuanto esta en potencia respecto a
aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que
mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no
puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en
acto, v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a
estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la
vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas:
lo que, v. gr., es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino
que en potencia es, a la vez frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo
mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí
misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero, si lo
que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, ya
éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un
primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores
intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero,
lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente,
es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el
que todos entienden por Dios."
Segunda vía
Eficiencia:
Nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí
mismas, ya que para ello tendrían que haber existido antes de existir, lo cual
es imposible. Además, tampoco podemos admitir una serie infinita de causas
eficiente, por lo que tiene que existir una primera causa eficiente incausada.
Y esa causa incausada es Dios.
"La segunda vía se basa en causalidad eficiente.
Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las
causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues
en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien,
tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes,
porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de
la intermedia, sea una o muchas, y ésta causa de la última; y puesto que,
suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la
primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase
indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente
primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa
falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa
eficiente primera, a la que todos llaman Dios."
Tercera vía
Contingencia:
Hay seres que comienzan a existir y que perecen, es decir, que no son necesarios;
si todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno, pero existen, por
lo que deben tener su causa, pues, en un primer ser necesario, ya que una serie
causal infinita de seres contingentes es imposible. Y este ser necesario es
Dios.
"La tercera vía considera el ser posible o
contingente y el necesario, y puede formularse así. Hallamos en la naturaleza
cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se producen y seres
que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no
existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido
siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no
fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo
en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora
cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de
lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a
existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora no habría nada, cosa
evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o
contingentes, sino que entre ellos forzosamente, ha de haber alguno que sea
necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o
no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos
visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas
necesarias, es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga
fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los
demás, a lo cual todos llaman Dios."
Cuarta vía
Grados de perfección:
Observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo
(bondad, belleza,...) Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al
cual establecemos la comparación, un ser óptimo, máximamente verdadero, un ser
supremo. Y ese ser supremo es Dios.
"La cuarta vía considera los grados de perfección
que hay en los seres. Vemos en los seres que unos son más o menos buenos,
verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades.
Pero el más y el menos se atribuye a las cosas Según su diversa proximidad a lo
máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo
calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y
por ello ente o ser supremo; pues, como dice el Filósofo, lo que es verdad
máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de
todo lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor,
es causa del calor de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe, por
consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y
de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios."
Quinta vía
Finalidad:
Observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero al carecer de
conocimiento e inteligencia sólo pueden tender a un fin si son dirigidos por un
ser inteligente. Luego debe haber un ser sumamente inteligente que ordena todas
las cosas naturales dirigiéndolas a su fin. Y ese ser inteligente es Dios.
"La quinta vía se toma del gobierno del mundo.
Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos
naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi
siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por
donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino
intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin
si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero
dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas
naturales a su fin, ya éste llamamos Dios."
La teología
de la creación
Respecto al tema de la creación Sto. Tomás, a pesar de la raíz aristotélica
de su pensamiento, seguirá la tradición agustiniana, conciliándola con su
explicación de la estructura metafísica esencia/existencia. Según ella todos
los seres se compones de esencia y existencia, excepto Dios, en quien la
esencia se identifica con la existencia. Sólo Dios, por lo tanto, es un ser
necesario, pues sólo él debe su existencia a su propia esencia: su esencia es
existir. Los demás seres reciben la existencia del ser necesario, ya se trate
de seres materiales o inmateriales.
Al igual que el resto de los filósofos medievales tributarios de la
tradición cristiana Santo Tomás afirmará la creación "ex nihilo", es
decir, la creación del mundo mediante un acto de Dios totalmente libre, radical
y originario. La nada no representa una materia informe preexistente, sino la
inexistencia absoluta; y no puede tomarse como la causa de la creación, pues
ésta es sólo obra de Dios. El mundo tampoco es creado por "emanación"
necesaria de la naturaleza divina (Plotino): Dios no está sujeto a ninguna
necesidad, sino que crea libremente.
"Cuando decimos que por la creación alguna cosa
ha sido hecha de la nada, esta preposición "de" no designa ninguna
causa material, sino que señala solamente un orden, como cuando se dice: de la
mañana nace el mediodía, lo cual significa que tras la mañana llega el
mediodía. Es necesario, sin embargo, suponer que esta preposición
"de" puede envolver en su significación la negación que expresa la
palabra "nada" o, por el contrario, estar incluida en ella. En el
primer caso, el orden sigue afirmado (pero sólo desde el punto de vista del
lenguaje y de sus deficiencias), y se señala el orden de sucesión (puramente
imaginario) entre aquello que es y el no-ser anterior. Si, por el contrario, la
negación incluye la preposición, entonces el orden es negado y el significado
es el siguiente: tal cosa está hecha de nada, es decir, no está hecha de
ninguna cosa; como si dijéramos que ese hombre habla de nada, para expresar que
no hay tema en su discurso. Estos dos sentidos se identifican cuando decimos
que por la creación una cosa cualquiera está hecha de la nada. En el primer
sentido, esta preposición "de" señala un orden de sucesión; en el
segundo se trata de una relación con una causa material, y esta relación es
negada." (Suma Teológica, l, 45, 1.)
El mundo podría no haber sido creado, o haber sido creado de otro modo, tal
como había defendido ya San Agustín, admitiendo incluso la creación de un mundo
que a nosotros pudiera parecernos absurdo y en el que 2 y 2 fueran 5. Por lo
demás, en cuanto a saber si la creación ha tenido lugar en el tiempo Sto. Tomás
afirma que la razón no puede zanjar esa cuestión, ya que tanto la tesis como la
antítesis son indemostrables para la razón. Se adhiere, por ello, a lo que
manifiesta la Revelación: que la creación tuvo lugar en el tiempo.
Por último, en cuanto al problema del mal en el mundo, afirma que Dios lo
ha permitido (tanto el físico como el moral) para obtener un beneficio mayor:
la libertad de la voluntad y el perfeccionamiento del mundo.
LA
ANTROPOLOGÍA Y LA PSICOLOGÍA
La
antropología y la psicología de Tomás de Aquino
También la concepción del ser humano en Sto. Tomás está basada en la
concepción aristotélica. Pero, al igual que ocurre con los otros aspectos de su
pensamiento, ha de ser conciliada con las creencias básicas del cristianismo:
la inmortalidad del alma y la creación. El ser humano es un compuesto
sustancial de alma y cuerpo, representando el alma la forma y el cuerpo la
materia de dicha sustancia. Frente a la afirmación de algunos de sus
predecesores de que existen en el ser humano varias formas sustanciales, como
la vegetativa y la sensitiva, Sto. Tomás afirma la unidad hilemórfica del ser
humano, que constituye una unidad en la que existe una única forma sustancial,
el alma racional, que informa inmediata y directamente a la materia prima
constituyendo el compuesto "hombre".
Del mismo modo que Aristóteles había concebido la existencia de una sola
alma en el ser humano, que engloba las funciones vegetativa y sensitiva, santo
Tomás afirma que esa única alma es la que regula todas las funciones del
"hombre" y determina su corporeidad.
"Es evidente, por otra parte, que lo primero por
que el cuerpo vive es el alma, y como la vida se manifiesta por operaciones
diversas en los diversos grados de los seres vivientes, aquello por lo que
primariamente ejercemos cada una de estas funciones vitales es el alma. Ella
es, en efecto, lo primero que nos hace nutrirnos y sentir y movernos
localmente, como también entender. Este primer principio de nuestro
entendimiento, llámasele entendimiento o alma intelectiva, es, por lo tanto, la
forma del cuerpo, y esta demostración es de Aristóteles en el tratado Del alma,
lib. 2, tex. 24." (Suma Teológica, I, C. 76, a. 1)
El alma se sigue concibiendo, pues, como principio vital y como principio
de conocimiento, pero se rechaza la interpretación platónica de la relación
entre el alma y el cuerpo, en el sentido de que Platón había atribuido al alma,
y no al ser humano, esas funciones vitales y cognoscitivas, mientras que la
interpretación hilemórfica de santo Tomás le llevará a atribuir esas funciones
al "hombre": es el ser humano, el individuo, el que vive y conoce, el
que razona y entiende, el que imagina y siente. Todo ello es imposible sin
tener un cuerpo, por lo que éste ha de pertenecer al "hombre" con el
mismo derecho que le pertenece el alma.
La relación del alma y el cuerpo es una relación natural, no una situación
forzada y antinatural, según la cual estaría el alma en el cuerpo como el
prisionero en la celda. No se puede interpretar la interdependencia entre el
alma y el cuerpo como un castigo para el alma, en contra de lo que los
neoplatónicos afirmaban, y que dio pie al desarrollo de algunas herejías basadas
o inspiradas en el gnosticismo, como la de los cátaros.
No obstante, dada la necesidad de explicar la inmortalidad del alma, santo
Tomás afirmará que en ella existe ciertas facultades que le pertenecen como
tal, y que no dependen para nada de su relación con el cuerpo. Otras pertenecen
al compuesto "hombre" y no pueden ser ejercidas, por lo tanto, sin el
cuerpo. Por supuesto, la intelección es una facultad que le pertenece al alma
incluso en su estado de separación del cuerpo, en cuanto tiene como objeto de
conocimiento no los cuerpos, sino el ser. La facultad de su potencia del alma
puede ser clasificadas en tres grupos jerárquicamente relacionados: las
facultades o potencias vegetativas, las sensitivas y en las racionales.
Tenemos, pues, una clasificación similar a la aristotélica. No se trata de
tres tipos de alma, sino de tres facultades o potencias de la misma alma
racional. En sus funciones vegetativas el alma se ocupa de todo lo relacionado
con la nutrición y el crecimiento. En sus funciones sensitivas el alma regula
todo lo relacionado con el funcionamiento de los sentidos externos, así como la
imaginación y la memoria, actividades que se corresponde en las funciones del
alma vegetativo de los animales. En sus funciones racionales santo Tomás distingue
como facultades propias del alma el entendimiento (agente y paciente) y la
voluntad, con la que trata de explicar el deseo intelectual, quedando el
sensitivo explicado por las funciones sensitivas del alma. A pesar de que todas
ellas proceden de la misma alma racional, se pueden distinguir
"realmente" entre sí, dado que tienden a aplicarse a distintos
objetos (para Sto. Tomás, la definición de una facultad o de la ciencia viene
dada por el objeto al que se aplica, su objeto formal).
Quizá la novedad más significativa con respecto a Aristóteles sea el
tratamiento que hace santo Tomás de la voluntad. Por su misma naturaleza es la
voluntad está orientada al bien en general, es decir, la felicidad, la
beatitud. ¿Quiere eso decir que el "hombre" está inevitablemente
determinado en su comportamiento? No, dice Sto. Tomás, ya que el
"hombre" dispone del libre albedrío para elegir su conducta. El libre
albedrío no es algo distinto de la voluntad, sino la voluntad misma en el
ejercicio de la elección de los medios para conseguir su fin, la capacidad por
la que un "hombre" es capaz de juzgar libremente, en cuanto a la
elección de los medios que le permiten alcanzar el fin de su conducta.
Para Aristóteles, dada la imposibilidad de existencia de formas separadas,
la inmortalidad del alma queda descartada, en contra de lo que afirmaba Platón.
Se discute si Aristóteles aceptaba o no una cierta inmortalidad del
entendimiento y, en ese caso, si la inmortalidad afectaría a la sustancia
individual o a la forma universal. Los averroistas latinos entendieron que la
inmortalidad afectaba a la forma universal, afirmando la existencia de un único
entendimiento agente, común a todos los seres humanos. Santo Tomás afirmará,
por el contrario, la inmortalidad individual.
¿Es compatible esta afirmación con el hilemorfismo? Sto. Tomás defenderá la
inmortalidad del alma apoyándose en su inmaterialidad, (el alma es inmaterial,
luego no es corruptible, luego es inmortal, un argumento similar al que ya
había utilizado Platón en el Fedón), y en el ansia de inmortalidad del
"hombre": un deseo de inmortalidad implantado por Dios que no puede
ser vano.
"Puede todavía deducirse una prueba del deseo que
naturalmente tiene cada ser de existir según su modo de ser. El deseo en los
seres inteligentes es consecuencia del conocimiento. Los sentidos no conocen el
ser sino en lugar y tiempo determinados; pero el entendimiento los conoce
absolutamente y en toda su duración; por esta razón todo ser dotado de
entendimiento desea, por su naturaleza misma, existir siempre, y como el deseo
natural no puede ser vano, síguese que toda sustancia intelectual es
incorruptible" (Suma Teológica, I, C. 75, a. 6.)
LA TEORÍA
DEL CONOCIMIENTO
La
explicación del conocimiento
Sto. Tomás no se ocupó específicamente de desarrollar una teoría del
conocimiento, del modo en que se ocuparán de ello los filósofos modernos. Al
igual que para la filosofía clásica, el problema del conocimiento se suscita en
relación a otros problemas en el curso de los cuales es necesario aclarar en
qué consiste conocer. En el caso de santo Tomás esos problemas serán
fundamentalmente teológicos y psicológicos. No obstante, la importancia que
adquirirá el estudio del conocimiento en la filosofía moderna hace aconsejable
que le dediquemos un espacio aparte.
Todo nuestro conocimiento comienza con los sentidos; siguiendo la posición
aristotélica al respecto, santo Tomás, habiendo rechazado las Ideas o formas
separadas, estará de acuerdo con los planteamientos fundamentales del
estagirita. El alma, al nacer el hombre, es una "tabula
rasa" en la que no hay
contenidos impresos. Los objetos del conocimiento suscitan la actividad de los
órganos de los sentidos, sobre los que actúan, produciendo la sensación, que es
un acto del compuesto humano, del alma y del cuerpo, y no sólo del alma como
pensaba Platón. Para que haya conocimiento es necesario, pues, la acción
conjunta de ambos, por lo que la posibilidad de una intuición intelectual pura,
que ponga directamente en relación el intelecto y el objeto conocido, queda
descartada.
Santo Tomás seguirá la explicación del conocimiento ofrecida por
Aristóteles. El objeto propio reconocimiento intelectivo es la forma, lo
universal; pero esa forma sólo puede ser captada en la sustancia. Por lo tanto,
es necesario que la sustancia, la entidad concreta e individual, sea captada
mediante los sentidos, para poder ofrecer al entendimiento su objeto propio de
conocimiento. Esta actividad primaria es realizada por los sentidos, quienes,
en colaboración con la imaginación y la memoria, producen una imagen
sensible("phantasma") de la sustancia, que sigue siendo una
imagen concreta y particular; sobre esa imagen actuará el entendimiento agente,
dirigiéndose a ella para abstraer la forma o lo universal, la "especie
inteligible", produciendo en el entendimiento paciente la "species impressa" quien, a su vez, como reacción producirá la "species expressa", que es el concepto
universal o "verbum
mentis". El proceso de abstracción consiste, pues, en separar
intelectualmente lo universal, que sólo puede ser conocido de esta manera. La
consecuencia es la necesidad de tomar como punto de partida la experiencia
sensible en todo conocimiento. También en el conocimiento de las cosas divinas,
por lo que Sto. Tomás adoptará el método "a posteriori" en
su demostración de la existencia de Dios a través de las cinco vías.
Al igual que para Aristóteles, pues, el objeto del verdadero conocimiento
es la forma, lo universal, y no lo particular: de la sustancia concreta:
conocemos la forma, no la materia, que en cuanto materia prima resulta también
incognoscible. Por lo demás, aunque el punto de partida del conocimiento sea lo
sensible, lo corpóreo, su objeto propio es la forma, lo inmaterial. ¿Qué ocurre
entonces con aquellas sustancias no materiales? Para Sto. Tomás está claro: no
es posible tener en esta vida un conocimiento directo de ellas (los ángeles y
Dios). El conocimiento de estas sustancias sólo se puede obtener por analogía,
en la medida en que podamos tener un conocimiento de los principios y de las
causas del ser.
También la teoría moral de santo Tomás está
fundamentalmente basada en la ética aristotélica, a pesar de que algunos
comentadores insisten en la dependencia agustiniana de la moral tomista. Parece
obvio que, en la medida en que San Agustín es el inspirador de buena parte de
la filosofía medieval ejerza cierta influencia, como se puede observar en la
metafísica y la teología, en el pensamiento de santo Tomás; pero no hasta el
punto de difuminar el eudemonismo aristotélico claramente presente en, e
inspirador de, la ética tomista.
LA ÉTICA Y LA POLÍTICA
La Ética
Siguiendo, pues, sus raíces aristotélicas Sto. Tomás está de acuerdo con
Aristóteles en la concepción teleológica de la naturaleza y de la conducta del
hombre: toda acción tiende hacia un fin, y el fin es el bien de una acción. Hay
un fin último hacia el que tienden todas las acciones humanas, y ese fin es lo
que Aristóteles llama la felicidad. Santo Tomás está de acuerdo en que la
felicidad no puede consistir en la posesión de bienes materiales, pero a
diferencia de Aristóteles, que identificaba la felicidad con la posesión del
conocimiento de los objetos más elevados (con la teoría o contemplación), con
la vida del filósofo, en definitiva , santo Tomás, en su continuo intento por
la acercar aristotelismo y cristianismo, identifica la felicidad con la
contemplación beatífica de Dios, con la vida del santo, de acuerdo con su
concepción trascendente del ser humano.
En efecto, la vida del hombre no se agota en esta tierra, por lo que la
felicidad no puede ser algo que se consiga exclusivamente en el mundo terrenal;
dado que el alma del hombre es inmortal el fin último de las acciones del
hombre trasciende la vida terrestre y se dirige hacia la contemplación de la
primera causa y principio del ser: Dios. Santo Tomás añadirá que esta
contemplación no la puede alcanzar el hombre por sus propias fuerzas, dada la
desproporción entre su naturaleza y la naturaleza divina, por lo que requiere,
de alguna manera la ayuda de Dios, la gracia, en forma de iluminación especial
que le permitirá al alma adquirir la necesaria capacidad para alcanzar la
visión de Dios.
La felicidad que el hombre puede alcanzar sobre la tierra, pues, es una
felicidad incompleta para Sto. Tomás, que encuentra en el hombre el deseo mismo
de contemplar a Dios, no simplemente como causa primera, sino tal como es Él en
su esencia. No obstante, dado que es el hombre particular y concreto el que
siente ese deseo, hemos de encontrar en él los elementos que hagan posible la
consecución de ese fin. Santo Tomás distingue, al igual que Aristóteles, dos
clases de virtudes: las morales y las intelectuales. Por virtud entiende
también un hábito selectivo de la razón que se forma mediante la repetición de
actos buenos y, al igual que para Aristóteles, la virtud consiste en en un
término medio, de conformidad con la razón. A la razón le corresponde dirigir
al hombre hacia su fin, y el fin del hombre ha de estar acorde con su
naturaleza por lo que, al igual que ocurría con Aristóteles, la actividad
propiamente moral recae sobre la deliberación, es decir, sobre el acto de la
elección de la conducta.
La misma razón que tiene que deliberar y elegir la conducta del hombre es
ella, a su vez, parte de la naturaleza del hombre, por lo que ha de contener de
alguna manera las orientaciones necesarias para que el hombre pueda elegir
adecuadamente. Al reconocer el bien como el fin de la conducta del hombre la
razón descubre su primer principio: se ha de hacer el bien y evitar el mal ("Bonum
est faciendum et malum vitandum"). Este principio (sindéresis) tiene, en el ámbito de la razón práctica, el mismo
valor que los primeros principios del conocimiento (identidad, no contradicción)
en el ámbito de la teórica. Al estar fundado en la misma naturaleza humana es
la base de la ley moral natural, es decir, el fundamento último de toda
conducta y, en la medida en que el hombre es un producto de la creación, esa
ley moral natural está basada en la ley eterna divina. De la ley natural emanan
las leyes humanas positivas, que sean aceptadas si no contradicen la ley
natural y rechazadas o consideradas injustas si la contradicen. Pese a sus
raíces aristotélicas vemos, pues, que Sto. Tomás ha conducido la moral al
terreno teológico, al encontrar en la ley natural un fundamento trascendente en
la ley eterna.
La política
Respecto a la política santo Tomás se desmarca de la actitud adoptada por
San Agustín al considerar la existencia de dos ciudades, la de Dios (Jerusalén)
y la terrestre (Babilonia), identificadas, respectivamente, con la Iglesia y
con el Estado pagano. La ciudad de Babilonia es considerada por San Agustín
como el resultado de la corrupción del hombre por el pecado original; mientras
que la ciudad de Jerusalén, la ciudad celestial representaría la comunidad
cristiana que viviría de acuerdo con los principios de la Biblia y los
evangelios. Las circunstancias sociales y la evolución de las formas de poder
en el siglo XIII, especialmente los problemas derivados de la relación entre la
Iglesia y el Estado, llevarán a Sto. Tomás a un planteamiento distinto,
inspirado también en la Política aristotélica, aunque teniendo en cuenta las
necesarias adaptaciones al cristianismo.
Para Sto. Tomás la sociedad, siguiendo a Platón y a Aristóteles, es el
estado natural de la vida del hombre. En cuanto tal, el hombre es por
naturaleza un ser social nacido para vivir en comunidad con otros hombres; pero
ya sabemos que Sto. Tomás asigna al hombre un fin trascendente, por lo que ha
de reconocer un papel importante a la Iglesia en la organización de la vida del
hombre. Del mismo modo que había distinguido entre la razón y la fe y, aun
manteniendo su autonomía, concedía la primacía a la fe sobre la razón, por lo
que respecta a la sociedad, aun aceptando la distinción y la independencia del
Estado y la Iglesia, aquél ha de someterse a ésta, en virtud de ese fin
trascendente del hombre. El Estado ha de procurar el bien común, para lo cual
legislará de acuerdo con la ley natural. Las leyes contrarias a la ley natural
no obligan en conciencia (por ejemplo, las contrarias al bien común, o las
dictadas por egoísmo). Las leyes contrarias a la ley divina deben rechazarse y
no es lícito obedecer las, marcándose claramente la dependencia de la
legislación civil respecto a la legislación religiosa.
Respecto a las mejores formas de gobierno, santo Tomás
sigue a Aristóteles, distinguiendo tres formas buenas y tres formas malas de
gobierno que son la degeneración de las anteriores. Aunque la monarquía parece
proporcionar un mayor grado de unidad y de paz, Sto. Tomás tampoco descarta las
otras formas de gobierno válidas, y no considera que ninguna de ellas sea
especialmente deseable por Dios.
ESTRUCTURA DE LA SUMA TEOLÓGICA DE SANTO TOMÁS
11. PARTES
22. TRATADOS
33. CUESTIONES
44. ARTÍCULOS
4 1. Problema
4 2. Argumentos en contra de la posición defendida por el autor.
4 3. Argumentos a favor de la posición defendida por el autor.
4 4. Solución de Santo Tomás.
5. Respuesta de Santo Tomás a las objeciones del principio.
EEJEMPLO
EEJEMPLO
CUESTIÓN 2: Sobre la existencia de Dios.
ARTÍCULO 1: Dios ¿es o no es evidente por sí mismo?
· PROBLEMA: Dios ¿es o no es evidente por sí mismo?
· ARGUMENTOPS EN CONTRA DE LA POSICIÓN DEFENDIDA POR SANTO TOMÁS
a) Premisa. Son evidentes aquellas cosas cuyo conocimiento nos es connatural.
Premisa. El conocimiento de Dios nos es connatural.
Conclusión. La existencia de Dios es evidente.
b) Premisa. Son evidentes las cosas que identificamos inmediatamente al decir su nombre, como ocurre con los primeros principios de la demostración (Aristóteles). Ejemplo: que el todo es mayor que la parte.
Premisa. Todo el mundo comprende el significado del término “Dios.”
Conclusión. La existencia de Dios es evidente (argumento ontológico de San Anselmo).
c) Premisa. Es evidente que existe la verdad.
Premisa. Dios es la verdad misma (San Juan).
Conclusión. Dios existe.
· ARGUMENTOS A FAVOR DE LA POSTURA DEFENDIDA POR SANTO TOMÁS
a) Premisa. Nadie puede pensar lo contrario de lo que es evidente por sí mismo (Aristóteles).
Premisa. Puede pensarse perfectamente que Dios no existe (existen los ateos).
Conclusión. La existencia de Dios no es evidente.
· SOLUCIÓN DE SANTO TOMÁS
1. Existen dos modos de evidencia:
a) Lo evidente en sí mismo: cuando en una proposición el predicado coincide con el sujeto (el hombre es animal). Tal ocurre con los primeros principios de la demostración (identidad, no-contradicción y tercio excluso).
b) Lo evidente para nosotros: Si alguien no comprende el significado de los términos de una proposición evidente, ésta no resulta evidente para él. Ejemplo: no todos comprenden que lo incorpóreo no ocupa lugar (Boecio).
2. La proposición “Dios existe” es evidente por sí misma (la esencia de Dios coincide con su existencia), pero no es evidente para nosotros porque no sabemos en qué consiste Dios. Necesitamos la demostración de su existencia a partir de los efectos que observamos en el mundo.
· RESPUESTA DE SANTO TOMÁS A LAS OBJECIONES DEL PRINCIPIO
1. A la primera objeción
Conocemos que por naturaleza buscamos la felicidad y que Dios es la felicidad más alta. Pero eso no es conocer que Dios exista (unos creen que la felicidad está en el dinero, otros que en el poder, etc.).
2. A la segunda objeción
No todo el que oye la palabra “Dios” entiende por ella “El ser mayor que el cual nada puede pensarse” Aunque alguien entienda el significado de la palabra “Dios” no tiene por qué admitir que lo que significa esa palabra exista en la realidad (clara refutación del argumento ontológico de San Anselmo).
3. A la tercera objeción
Que la verdad en general existe, es algo evidente por sí mismo; pero que exista la verdad absoluta, esto no es evidente para nosotros.
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