MATERIALES PARA LOS ALUMNOS
LOS FILÓSOFOS PRESOCRÁTICOS
Enlace video sobre los presocráticos
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En su intento de ofrecer una explicación racional, ajena al mito, los presocráticos se preguntan por el principio o Arjé último de las cosas, ya que si, según narra la mitología, los dioses fueron engendrados, el principio último de todo cuanto existe queda sin explicar. A la pregunta por el origen los filósofos presocráticos responderán con elementos reales, no mitológicos ni poéticos: el agua, el fuego, el aire, etc. Con ello se produce la separación entre el naciente discurso racional y el anterior discurso mitológico, el cual se ve cuestionado en la verdad de sus afirmaciones.
TALES DE MILETO
Para él el primer principio constitutivo de todo cuanto existe es el agua, pues observa que el agua es el alimento de todas las cosas, que todo ser vivo no puede vivir sin agua y que todos los estados se trasforman en agua.
ANAXIMANDRO DE MILETO
Constituye un progreso respecto a Tales, por ser el primer filósofo en llevar a cabo una abstracción de lo sensible a lo conceptual al establecer que el Arjé no se encuentra en ninguna sustancia visible sino en el apeiron. Anaximandro es el primer filósofo que nos presenta el universo como un cosmos en el cual todo se halla ligado entre sí por una interdependencia en la que cada elemento tiende a la armonía del todo.
Anaximandro desarrolló también la primera teoría de la evolución de que tenemos noticia. A partir de la observación del supuesto fenómeno de generación espontánea, supuso que los primeros seres se formaron a partir del fango calentado por el sol, mientras que los seres humanos se formaron a partir de los peces.
La deficiencia de Anaximandro radica en que no explica de forma satisfactoria cómo interviene el apeiron en la formación del mundo, ya que al separar de él los principios contrarios de calor y frío rompió su unidad.
ANAXÍMENES DE MILETO
Supone un retroceso respecto a Anaximandro al volver a fijarse en un elemento sensible, el aire, como Arjé de todo lo existente. Para Aanaxímenes el aire es el alma del mundo, ya que observa que el hombre vive mientras respira y muere cuando deja de respirar, Pero con ser un retroceso respecto a Anaximandro, Anaxímenes resuelve no obstante el problema que éste había dejado insoluble: mantener la unidad de Arjé dentro del cambio de las cosas. Ello sólo es posible a condición de sostener que los cambios cualitativos son simples cambios cuantitativos. Anaxímenes lo logra reduciendo todo cuanto existe a aire más o menos condensado.
PITÁGORAS DE SAMOS
El Arjé para este filósofo es el número, pues todas las cosas son explicables por medio de números. Una unidad es un punto; dos una línea; tres una superficie; varias superficies forman un cuerpo. En resumen: a cada cosa, a cada ser, se le puede aplicar un número y la naturaleza entera se compone de números. Pitágoras es el primero que sitúa como origen de todo no un principio material, sino formal, abstracto: el número. Al considerar el número y la medida como los principios que rigen el mundo y al hablar de lo par y lo impar como de los principios de donde los números proceden, Pitágoras es el primero que establecer la posibilidad de matematización de lo real, dado que las propiedades de los números se suponen coincidentes con las propiedades de los objetos. De este modo Pitágoras inaugura el realismo en la consideración de la naturaleza de los entes matemáticos: los entes matemáticos existen antes de la realidad, poseyendo, por tanto, realidad metafísica y determinando a priori la matematización del universo.
JENÓFANES DE COLOFÓN
Maestro de Parménides, su mayor importancia radica en la profunda crítica que hace de las teologías de Homero y Hesiodo, a las que acusa de antropomorfizar los dioses. Por contra, Jenófanes elabora una teología alternativa no antropomorfa en la que aparece la idea de un Dios uno e inmóvil del cual tomará muchos atributos la idea del ser de Parménides. Ambos filósofos llegan a la concepción del Uno inmóvil por caminos distintos: por pura reacción contra la teología de Homero y la de Hesiodo en el caso de Jenófanes, por razonamiento a partir de un simple axioma existencial "el ser es" en el caso de Parménides.
HERÁCLITO DE ÉFESO
Heráclito tiene el valor de enfrentarse al problema del cambio y la permanencia. La razón nos revela para él que la naturaleza es una unidad, pero formada por elementos contrarios. Así, el elemento último de toda realidad es el fuego al que en ciertos aspectos hace coextensivo con el Logos. El mundo es fuego que se enciende y se apaga según medida. El Logos, único y unificador, hace que aunque las cosas aparezcan como plurales, estén unidas en un conjunto coherente. Ese Logos penetra en el hombre mediante la respiración cuando éste se halla dormido, ya que entonces están cerrados sus canales de percepción y la mente se separa por ello de su vínculo con lo circundante. Al despertar el hombre toma nuevamente contacto con lo que le rodeaba y se reviste de su poder de razón.
El movimiento no es para Heráclito un flujo sin sentido, sino que se halla sujeto a la ordenación del Logos, el cual, mediante los contrarios en perpetua lucha, marca unos parámetros al movimiento.
Importantes en Heráclito son también sus reflexiones sobre el lenguaje y su conexión con la realidad, cuando nos habla de que a veces damos identidad a cosas que no la tienen (en el caso del río), mientras que en otras ocasiones duplicamos innecesariamente los nombres para expresar una misma realidad (el camino hacia arriba es igual al camino hacia abajo).
PARMÉNIDES DE ELEA
Parménides es menos cauto que Heráclito, el cual dudaba que el lenguaje pudiese agotar la realidad. Para Parménides el lenguaje es la realidad. Esto le lleva a negar el movimiento y el tiempo, simplemente porque entran en contradicción con lo que él predica lingüísticamente de la partícula "es". Parménides enfrenta hasta el límite las dos vías de conocimiento, la episteme y la doxá, excluyendo de forma radical la verdad de la segunda. Así, mientras que la doxá mantiene la existencia del tiempo y del movimiento, la episteme nos enseña que el ser es y que el no ser no es en modo alguno. El ser es uno y no admite la pluralidad, es eterno y no puede dejar de existir, no puede ser limitado por otro ser y es inmutable.
Parménides no distingue entre el ser existencial y el ser predicamental, olvidando que la palabra "es" es un mero nexo atributivo que nos permite unir lo que previamente hemos tenido que separar para poder comprenderlo. Para Parménides pensamiento y ser son una y la misma cosa, por lo que, aun estando ausentes físicamente, para el pensamiento las cosas están presentes.
ZENÓN DE ELEA
Su empeño es demostrar que no existe el movimiento ni la pluralidad. Para ello se vale de una serie de paradojas. La primera sostiene que la pluralidad debe ser, a la vez, limitada e ilimitada en número. Limitada porque es cuanta es, ni más ni menos. Ilimitada porque dos cosas sólo son dos cuando están separadas, para que puedan estar separadas es necesario que haya algo entre ellas y así sucesivamente. Sus argumentos contra el movimiento dependen de las dos teorías comúnmente aceptadas sobre el espacio y el tiempo: o bien el espacio y el tiempo son infinitamente divisibles, en cuyo caso el movimiento es continuo, o bien se componen de mínimos indivisibles, en cuyo caso el movimiento es "cinematográfico". Sus cuatro argumentos en contra del movimiento son:
1. Es imposible completar un recorrido cualquiera porque antes hay que llegar a la mitad y antes a la mitad de la mitad y así indefinidamente (el espacio es infinitamente divisible).
2. Aquiles jamás alcanzará a la tortuga porque ésta ya se ha movido, por poco que sea, cuando Aquiles ha llegado al punto Donde ella estaba (el espacio es infinitamente divisible).
3. Un objeto está en reposo cuando ocupa un espacio igual a sus propias dimensiones. Es así que una flecha en vuelo ocupa en un momento dado un espacio igual a sus propias dimensiones, luego la flecha está en reposo ( el espacio y el tiempo no son infinitamente divisibles).
4. El argumento de las dos filas de móviles de idéntico tamaño que se cruzan en un estadio (muy complicado).
EMPÉDOCLES DE ACRAGAS
Intenta conciliar el pensamiento de Parménides con el de Heráclito. Acepta del primero que el ser no puede proceder del no ser y que la pluralidad no puede proceder de una unidad originaria. Por ello establece cuatro elementos originarios, agua, tierra, aire y fuego, los cuales llenan la totalidad del espacio de manera que no existe el vacío. Todos los seres se componen de esos cuatro elementos y cuando se dice que una cosa nace o muere, lo que se produce es la disolución de una cierta combinación de elementos la formación de otra combinación nueva. No existe, pues, paso del ser al no ser, ya que los elementos siempre son los mismos. La unidad no es más que una simple reordenación de estos cuatro elementos debida a la acción de las dos fuerzas que producen el cambio y el movimiento, el amor y el odio, siendo el amor el principio que une y el odio el principio que separa. De esta manera, Empédocles reduce por vez primera en la historia el cambio visible a movimiento de partículas inmutables. Empédocles, al admitir la inmutabilidad de los cuatro elementos, pero también el cambio y el movimiento, se ve obligado a distinguir entre la materia y la fuerza que la mueve. Los dos momentos cumbres de su cosmogonía son el Sphairos y la Acosmia. El primero une todas las partículas en una esfera homogénea que recuerda al ser de Parménides. El segundo disgrega las partículas.
Finalmente y tomando al amor como motor de la evolución, Empédocles sostiene que los primeros seres se surgieron tras varias series fallidas de mezclas de miembros hasta dar con los animales actuales y con el hombre.
ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE
Es un pluralista como Empédocles y basa su filosofía en dos principios: los principios materiales de las cosas son infinitas partículas elementales, semillas u homeomerías que contienen en esencia todo lo que ha de producirse, de manera que no puede afirmarse que el ser proceda del no-ser, sino de estas semillas u homeomerías. La fuerza que hace move4rse a estos gérmenes es la mente universal o Nous. Las partículas se hallan dispersas, formando un caos y el Nous convierte ese caos en cosmos introduciendo el orden en el movimiento. El Nous es infinito y a veces se identifica con Dios, no como creador sino como arquitecto del mundo. Esto parece llevar en Anaxágoras a una concepción del orden del universo como resultado de una inteligencia que actúa conforme a fines, de modo tal que el resultado de los procesos naturales sea siempre la consecución de lo mejor, de la máxima perfección y belleza. Sin embargo Anaxágoras apenas desarrolla este aspecto implícito en su cosmogonía, concediendo de hecho el papel fundamental en la construcción del universo al remolino y, por tanto, a fuerzas de carácter mecánico. Anaxágoras no admite el vacío.
LEUCIPO DE MILETO Y DEMÓCRITO DE ABDERA
Establecen como principios lo lleno y lo vacío. Se oponen a los eleatas, para quienes el ser es necesariamente uno e inmóvil, ya que para moverse necesitaría del vacío, pero, para los eleatas, el vacío es el no ser. Para los atomistas Leucipo y Demócrito el vacío, el espacio, existe lo mismo que lo lleno, que el ente. El mundo está lleno de innumerables elementos o átomos distintos entre sí en forma y tamaño. Los átomos se mueven en el vacío y son magnitudes compactas e infinitas en número. El vacío es el lugar infinito donde se producen los cambios. El atomismo suprime la inteligencia motriz y ordenadora (Nous) de Anaxágoras como un elemento inútil. Para los atomistas no existe finalidad en la naturaleza y el movimiento no se debe a una razón exterior que lo dirija, sino a una pura ley mecánica interior al universo.
El atomismo sostiene también que la sensación es la única fuente de conocimiento. La sensación se produce porque de los cuerpos emanan efluvios que se insinúan en los órganos de los sentidos, penetran en el cerebro y en él producen las imágenes de las cosas.
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