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domingo, 18 de enero de 2015

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ROUSSEAU



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ROUSSEAU

1. PUNTO DE PARTIDA: CRÍTICA A LA CIVILIZACIÓN

Una de las ideas fundamentales del pensamiento ilustrado, como ya hemos visto,  es la de progreso continuado, asentado en el ejercicio de una razón autónoma secularizada. El uso de esa razón  eliminará los prejuicios, supersticiones y dogmatismo y conducirá a un desarrollo de las ciencias y las artes. Ese desarrollo traerá aparejado un mayor conocimiento y dominio de la naturaleza que se pondrá al servicio del hombre. Las sociedades serán cada vez más justas y los hombres, más felices.

No deja de ser curioso que, quien pasa por ser uno de los  principales  representantes de la Ilustración, sea un crítico acérrimo de esta idea tan ilustrada. Dos son las famosísimas frases de Rousseau relacionadas con este tema: <<Todo está bien al salir de las manos del autor de las cosas; pero todo degenera en las manos de los hombres>> y <<El hombre nace libre, pero por todas partes se encuentra encadenado>>. El punto de partida de Rousseau es de crítica a la civilización y a la artificialidad de la vida social.

Rousseau pretende contestar a dos cuestiones fundamentales:
a) Si el progreso en la cultura (artes y ciencias) lleva consigo un progreso humano en la moralidad y en la felicidad del hombre
b) Si el progreso que representa la sociedad moderna posibilita la existencia de un hombre libre.
Su respuesta será “no”  en los dos casos. En oposición a sus colegas ilustrados dirá que las ciencias no sólo no han mejorado al hombre, sino que han permitido y ayudado a corromperlo, contribuyendo a crear sociedades artificiales en las que domina la desigualdad y todos los males que ésta trae consigo: opresión, riquezas para unos pocos  y pobreza para todos los demás, pasiones depravadas, etc. Estas sociedades son artificiales porque se juzga únicamente por las apariencias; la cortesía y la educación disimulan todo tipo de actitudes indignas; nadie se muestra tal y como es. Lo artificial ha sustituido a lo natural y los rígidos convencionalismos ahogan cualquier posibilidad de libertad.   No cabe duda que en el retrato que Rousseau hace de la civilización está pensando en su experiencia personal en París (recordad que no ingresa en los círculos más distinguidos como hombre eminente, sino con una humillante posición de dependencia; recordad que su vida no es un “jardín de rosas” precisamente). No obstante, Rousseau no se limita a criticar defectos de la sociedad del siglo XVIII y llamar la atención sobre ellos. Está diciendo que la causa de esos defectos obedece al avance de las artes y las ciencias. En resumen, la sociedad actual es la que instaura la injusticia y crea seres humanos degradados. El hombre de estas sociedades es un hombre corrompido por la sociedad.

Si se admite que el hombre ha sido corrompido por una civilización artificial, estamos admitiendo la existencia de dos tipos de estado:

1. El estado civil o social, actual, el de la sociedad organizada, atendiendo a leyes y gobiernos, que ha provocado la corrupción de los hombres. Responsable de que el hombre se haga malo, movido por el amor propio (pasión cultural, social, nacida de la deformación del amor de sí mismo en la sociedad, que empuja al hombre a tratar de ser el primero en todo, fomentando sentimientos negativos, como la envidia y el orgullo). Tiene como resultado el hombre artificial y en él rige la injusticia, la opresión y la falta de libertad auténtica.

2. Un estado previo a ese actual, en el que se encontrarían los hombres antes  (o al margen) de esas sociedades artificiales que tanto critica. Es el estado de naturaleza.


2. EL ESTADO DE NATURALEZA

2.1. UNA HIPÓTESIS, NO NECESARIAMENTE UNA VERDAD HISTÓRICA. 

Es evidente que no podemos observar el estado de naturaleza porque sólo conocemos al hombre viviendo en sociedad. Rousseau mismo establece que  está acudiendo a razonamientos condicionales e hipotéticos y no a verdades históricas: “un estado que no existe ya, que acaso no ha existido nunca, que probablemente no existirá jamás, y del que, sin embargo, es necesario tener conceptos adecuados para juzgar con justeza nuestro estado presente”. Dicho de otra manera, cabe la posibilidad de que ese estado de naturaleza no haya existido jamás; que la convención y el artificio acompañen al hombre desde su origen. El estado de naturaleza es simplemente una hipótesis obtenida por abstracción. Lo que tenemos que hacer es coger al hombre tal y como lo conocemos y retirar de él todos aquello que ha adquirido en el proceso de desarrollo social: desigualdades morales y políticas como honor, riquezas, consideración social; las pasiones y deseos que nacen en sociedad como la ambición; el empleo de las artes y las ciencias; las convenciones sociales, etc. Si ha existido o no realmente, eso no es importante. Lo realmente importante es descubrir cuál es la naturaleza auténtica del ser humano. Conociéndola, podremos juzgar a la sociedad actual y podremos iniciar un cambio para volver a esa naturaleza. Y, para conocerla, como ya hemos dicho,  sólo necesitamos quitar lo que hay de  convención y artificial en la sociedad. ¡Ojo!, Rousseau no está diciendo que quiera retornar al estado natural -que quizá ni siquiera ha existido jamás. Lo que quiere es transformar el orden social establecido por uno más justo y  mejor. Volver al estado de naturaleza es imposible y además, indeseable. De lo que se trata es de aprender de los errores, crear algo mejor: crear una organización política que mantenga las ventajas de la vida en sociedad,  pero que se corresponda con la naturaleza humana, con la libertad e igualdad que gozaba el hombre natural.


2.2. CARACTERÍSTICAS DE LOS HOMBRES EN EL ESTADO DE NATURALEZA.

1. En el estado de naturaleza los hombres viven aislados, ya que sólo hay una comunidad natural: la familia. Los vínculos familiares se disuelven cuando los hijos no necesitan ya de sus padres.
2. Los hombres todavía no han sido corrompidos por la vida artificial (pereza, vicios, esclavitud, etc.) son fuertessanos y autosuficientes.
3. Son fundamentalmente iguales puesto que las únicas desigualdades son producto de la constitución física: edad, salud, fuerza, habilidad física, etc., que nunca son enormemente diferentes entre un ser humano y otro. La desigualdad en el estado de naturaleza es la desigualdad física, que no tiene nada que ver con la desigualdad moral o política fruto de las convenciones humanas y que trae consigo la desigualdad de riquezas, consideraciones sociales, rango, etc.
4. Los hombres en el estado natural actúan atendiendo a dos impulsos esenciales: el de
autoconservación (lo que impulsa a la satisfacción de las necesidades básicas y naturales) y la compasión por sus semejantes (capacidad para identificarse con los demás). 

Las cuatro características señaladas las  comparte el hombre con el resto de animales, incluida la piedad o compasión por sus semejantes, que se observa en algunos animales. El ser humano sería físicamente fuerte, sin miedo a los animales (los supera en habilidad, aunque no en fuerza), con escasas enfermedades y, por lo tanto, poco necesitado de medicinas y mucho menos de médicos. Su preocupación fundamental sería la conservación de su vida. Sus sentidos de la vista, el oído y el olfato serían finísimos y no tanto los del tacto y el gusto, mucho más vinculados  a la sociedad. En palabras de Rousseau “calmando el hambre con la primera encina a mano, y la sed en el primer arroyo con que tropiece; tomando por cama el pie del árbol que le dio de comer; y todas sus necesidades así satisfechas”. Sin embargo, hay dos características que no comparte con el resto de los animales:

5. La libertad natural: capacidad que tienen los humanos para elegir lo que quieren hacer sin verse obligados a ello por ningún tipo de determinismo genético. El resto de animales se comportan atendiendo a pautas fijas de acción o instintos; el hombre puede elegir hacer una cosa u otra porque carece prácticamente de ellos.

6. Capacidad de autoperfeccionamiento o de perfectibilidad (cualidad de perfectible, es decir, el hombre es capaz de perfeccionarse), de variar el modo de ser a lo largo de la vida.

Este hombre que vive en el estado de naturaleza, que viaja por los bosques, que carece de industria, que no tiene hogar, que desconoce la guerra y que no necesita de los otros ni desea causarles ningún daño es bueno por naturaleza o, al menos, no es malo. Hay que tener en cuenta que la moral está vinculada a la sociedad, por lo tanto, y en sentido estricto, el hombre natural no es ni bueno ni malo. Lo que afirma Rousseau, en contraposición a Hobbes (homo homini lupus, el estado de naturaleza es un estado de violencia, de guerra de todos contra todos), es que el hombre natural es bueno y feliz, independiente y libre. La maldad surge y deriva de la vida social, no está presente en el estado de naturaleza. Vamos que, en términos generales, sí podemos decir que el hombre es bueno por naturaleza.


3. FIN DEL ESTADO DE NATURALEZA: “¡ESTO ES MÍO!”

Dos son los motivos que ponen fin al estado de naturaleza, mucho más poderoso el  segundo que el primero:

Los hombres descubrieron que su unión proporcionaba ciertas ventajas para la defensa de sus intereses
1. La observación de que era mucho más ventajoso unirse en determinadas actividades (mejor unirse para la caza o para la evitación de peligros que hacerlo de forma aislada). Fruto de esta unión se desarrollarían lazos afectivos (ya lo dice el refrán: el roce hace el cariño) antes desconocidos: el amor, la amistad, los celos, las preferencias, las comparaciones, etc.

2. La aparición de la propiedad privada. Este es el factor decisivo. La primera vez en la que un hombre pronunció la frase “ESTO ES MÍO” dio al traste con el estado natural y surgió la sociedad civil. Desapareció la igualdad, las selvas se convirtieron en campos feroces y la esclavitud y la miseria aparecen vinculadas a las cosechas. Aparecen también la justicia y la injusticia, pero los hombres no son por eso mejores que en el estado de naturaleza: “Las usurpaciones de los ricos, los robos de los pobres y las desenfrenadas pasiones de unos y otros ahogaron las voces de la compasión natural y la voz, todavía débil de la justicia, y llenaron a los hombres de avaricia, ambición y vicio… El recién estado de la sociedad produce así un horrible estado de guerra”. Ahora sí: la sociedad civil de Rousseau se corresponde con el estado de naturaleza de Hobbes.

Llegados a esta situación de inseguridad y de males derivados del establecimiento y desarrollo de la propiedad privada… la aparición de la sociedad política, el gobierno y la ley  se hace imprescindible.


4. EL ESTADO CIVIL

A diferencia de Hobbes, el contrato social  de Rousseau no es de enajenación o cesión de derechos al monarca, ya que protege la libertad de cada individuo. Es un pacto entre iguales.

4.1. EL CONTRATO SOCIAL.

 Hemos dicho que la aparición de la propiedad privada tiene como consecuencia inevitable la aparición de la sociedad civil. Rousseau, por lo tanto, se suma a la teoría contractualista de Hobbes y de Locke (la sociedad es fruto de un pacto o contrato o acuerdo mediante el cual el contratante queda sometido a esa sociedad). Está de acuerdo con ellos en la necesidad de una asociación que proteja a las personas y los bienes de esas personas; difiere en todo lo demás. A Rousseau no le parece que se pueda fundamentar la sociedad sobre la fuerza. Los hombres han llegado a un punto en el que los obstáculos para mantenerse en el estado de naturaleza son más poderosos que los recursos; por lo tanto, es obligatorio que se unan y formen una asociación. Cierto que esa asociación tiene como misión proteger a las personas y a sus bienes, pero, en el contrato de Rousseau cada contratante se somete a la voluntad general, lo que le permitirá seguir siendo tan libre como antes. Es lógico que Rousseau y Hobbes difieran en este punto. La opinión negativa de Hobbes sobre el hombre y el estado de naturaleza y el peligro de la guerra civil le hace pensar en un contrato de sumisión y alienación a una fuerza superior, justificando el Estado absolutista. Rousseau tiene una concepción completamente diferente, insistiendo en la libertad (no en el sometimiento) y, por lo tanto, pasar del estado de naturaleza al social no puede ser pasar de la libertad a la esclavitud a cambio de seguridad. En el fondo, descubriremos que el individuo adquiere una forma de libertad superior a la de la que disfrutaba en el estado de naturaleza.

4.2. LA VOLUNTAD GENERAL. 

El hombre, voluntariamente, se somete al pacto, pero no en favor de una voluntad individual sino en favor de toda la comunidad, cuya expresión es la voluntad general. Al formarse la sociedad mediante el pacto social, se constituye un “cuerpo social” que posee una voluntad. Esa voluntad es la que da cohesión a la sociedad y se caracteriza fundamentalmente por:

1. La voluntad general persigue el bien común para todos los miembros de la sociedad; se orienta siempre al bien común, por eso es infalible tiene siempre razón. De la misma manera que el hombre natural buscaba su propio bien impulsado por el amor propioel hombre social busca también su bien, pero el bien común. Es la voluntad del pueblo soberano. El ejercicio de esta voluntad general será la soberanía.
2.  La voluntad general expresa la igualdad de todos los ciudadanos por medio de la cual se puede fundamentar la libertad. (Una sociedad puede establecer legítimamente la existencia de privilegios, pero no concedérselos específicamente a nadie; puede establecer clases de ciudadanos o qué cualidades son necesarias para formar parte de ellas, pero no puede ir dirigido a un individuo concreto). Dicho de otra manera, las leyes deben considerar a los súbditos (sometidos a la ley y obligados a obedecerla) y a las acciones de un modo abstracto, no particular.
Rousseau diferencia entre voluntad general y voluntad de todos. La voluntad general persigue el bien común; la de todos, el interés privado. La general es la voluntad del pueblo soberano; la de todos es la suma de voluntades particulares. Esto significa que la voluntad general no se identifica, sin más,  con la suma de voluntades particulares de carácter mayoritario o incluso unánime. La razón de esta diferencia reside en que la voluntad general nunca puede equivocarse -recordad que hemos dicho que es infalible, la voluntad de todos sí. Toda ley aprobada por la voluntad general será justa; sin embargo, una ley puede ser aprobada por una mayoría y no atender al bien común. Por ejemplo, vosotros podríais establecer mayoritariamente o por unanimidad que a partir del día de hoy dejáis de estudiar filosofía…  (completad vosotros el argumento). ¡Ojo!, eso no significa que el pueblo no quiera el bien (vosotros tampoco), simplemente que no siempre es capaz de darse cuenta de cuál es el bien (vosotros tampoco). Por esta razón, la ilustración no viene mal.
Dijimos que el ejercicio de la voluntad general se denomina soberanía. El soberano es, por lo tanto, el pueblo, en el que reside la voluntad general. Cuando los individuos legislan en unión con todos los demás firmantes del contrato, se les denomina ciudadanos. Cuando lo que hacen es someterse a las leyes, súbditos. La soberanía es inalienable (lo único que se transfiere es el poder, nunca la voluntad; los políticos elegidos no son representantes sino administradores) e indivisible (si se divide lo que tendremos será una suma de voluntades particulares y no soberanía). Por esta razón el poder legislativo reside en el pueblo soberano el poder ejecutivo o gobierno se limita a aplicar y ejecutar las leyes.
La voluntad general es inalienableindivisibleindestructibleinfalible (no se puede equivocar). En la actualidad estas u otras características muy parecidas se atribuyen a la voluntad popular, fundamento de la democracia moderna, razón por la que muchos consideran a Rousseau el primer defensor teórico de la democracia.


4.3. EL GOBIERNO

El gobierno se limita a ejecutar las leyes que hace la voluntad general


4.3.1. FUNCIÓN.

Como ya hemos dicho en el apartado anterior, Rousseau distingue claramente entre el poder legislativo (pueblo soberano) y poder ejecutivo (gobierno).  El poder legislativo expresa la voluntad general en leyes universales, no ocupándose de acciones ni personas concretas o particulares (igualdad). El gobierno ejecuta la ley; por lo tanto, se ocupa de acciones y de particulares. A los hombres o corporaciones encargados de la administración los denomina príncipes magistrados. “Llamo gobierno o administración suprema al ejercicio legítimo del poder ejecutivo, y príncipe o magistrado al hombre o a la corporación a la que se confía esa administración”.


4.3.2. TIPOS.

Rousseau discute diversos tipos de gobierno pero no afirma la existencia de un gobierno ideal que sirva para todas las épocas y pueblos; no obstante, estos son los tres que defiende:

1. DEMOCRACIA, especialmente indicada y adecuada para estados pequeños. Sin ninguna duda, tiene presente la polis griega y la ciudad de Ginebra. En alguna ocasión señala claramente su predilección por este tipo de gobierno y  por las repúblicas reducidas.

2. ARISTOCRACIA, para estados medianos. Gobierno de unos pocos (sabios) sobre la mayoría, garantizando el beneficio de esa mayoría y no del propio.

3. MONARQUÍA, para grandes estados. El gobierno queda en manos de uno sólo.
Rousseau señala que todas estas formas de gobierno  son susceptibles de abuso y degeneración; es más, parece que de forma inevitable y natural es lo que sucede en cualquiera de ellas. Por eso, la mejor forma de conservar el cuerpo político será mantener la distinción y separación clara del poder legislativo y el poder ejecutivo.


4.4. VENTAJAS DEL ESTADO CIVIL.

La concepción optimista del estado de naturaleza nos lleva a preguntarnos ¿no sería preferible mantenerse en ese estado frente al civil? Rousseau reconoce que alguna de las ventajas del estado de naturaleza se pierden pero a cambio se obtienen ventajas mayores. Si pesamos en una balanza lo que se pierde y lo que se gana, el platillo del estado civil pesa considerablemente más. Esto es lo que ponemos en cada plato:
1. Se pierde la libertad natural y se gana la libertad moral. La libertad natural es la que posee el hombre en su estado de naturaleza y que no posee otro límite que su fuerza. La civil somete al hombre a principios o leyes que emanan de la voluntad general, por lo tanto, se las da a sí mismo; se convierte en dueño de sí mismo. De acatar voluntariamente las leyes, nace el sentido del deber, fundamento de toda moral. Ya dijimos que en el estado de naturaleza, desde el punto de vista moral, el hombre no era bueno ni malo.

2. Se pierde la igualdad natural y se gana la civil moral. En el estado natural no hay diferencias de clase ni económicas; las desigualdades eran fundamentalmente físicas. En el estado civil todos están sometidos por igual a las leyes que emanan de la voluntad general, de la que todos forman parte. Además, las desigualdades naturales o físicas desaparecerían en el estado civil; por lo tanto, termina siendo más igualitaria.

3. Se pierde la posesión de lo que se puede alcanzar y apetece y se gana el derecho a  la propiedad. De la simple posesión (con los problemas que ello puede acarrear) se pasa a instaurar el derecho a la propiedad, la posesión se garantiza por ley.

Repetimos, una vez más, lo que hemos venido diciendo a lo largo de todo el tema. Rousseau es contractualista, el origen de la sociedad está en un pacto social. Sin embargo, eso no implica que tal pacto suponga la renuncia de la libertad propia en beneficio del poder. Con la sociedad civil aparece una nueva forma de libertad que supera la individual, propia del estado de naturaleza. El pacto supera esa individualidad gracias a lo que denomina cuerpo social, persona pública o yo común y a la voluntad general. Y finalmente, la sociedad es la única que permite el desarrollo de la moral, basada en un sentimiento natural de simpatía y acción desinteresada (semejanza con Hume). La consideración de que libertad y moralidad van unidas, le convierte, a juicio de algunos, en un antecedente de la ética de Kant.

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